lunes, 15 de octubre de 2012

Forma, contenido y clase: Institucionalismo

Hace ya algún tiempo vengo observando una limitación grave en muchísimos individuos: Sólo saben analizar las formas.

La marca de las zapatillas o de la remera del chico.
Si lleva el pelo "bien peinado".
Si la chica es flaca o no.  

En política, y aquí está lo más grave, se privilegia el institucionalismo, la forma como funcionan las instituciones, por sobre el contenido de las políticas públicas de un momento específico de la historia.

A este problema no lo  ves, por ejemplo en la clase trabajadora, salvo caso particulares. ¿Cómo vas a juzgar a tu amigo por una cosa tan banal, por una zapatilla que tampoco vos tenés o por una remera sucia? Cada uno en este nivel social pasó por situaciones iguales o peores y, directamente, no las toma en cuenta.

En el caso de la gran burguesía podemos verificar que sí se fijan en estas cosas, pero con una condicionante: Como esta clase social busca, fundamentalmente, ganancias, puede supeditar las "formas", las apariencias mencionadas, a la posibilidad de obtener ventaja. O sea, se bancan al mersa, al carnicero que se come las eses o tiene las uñas sucias mientras esa relación les permita conseguir un negocio, un contacto, un precio de compra más accesible o mejores condiciones de venta.

La clase media no tiene, prácticamente, esta posibilidad de negocios. Son pequeños profesionales liberales, pequeños comerciantes, maestros, empleados, públicos o no, más o menos de cuello blanco. A ellos sólo les queda fruncir el ceño, o mofarse, o apartar al mersa, al desprolijo ya que no pueden obtener mayores ventajas. Y convierten esto en casi una ideología. "El que es desprolijo en sus jeans, también debe serlo en su higiene personal, o en su vida, o en las relaciones con sus familiares". Eso piensan. No les miento ni les exagero, cualquiera puede verificar esto si se toman la molestia.


El problema es que este "formalismo" de la clase media se termina trasladando a la política. Una de los empaquetamientos políticos del formalismo es el institucionalismo. Entonces surgen partidos como la UCR, uno de los que mejor expresa a ese sector social, defensores a ultranza de las instituciones y los procedimientos conservadores del orden burgués. Porque, yendo bien al hueso, las instituciones tienen ideología.


Sí señores, las instituciones fueron creadas en un momento particular de la relación de fuerzas en una sociedad y reflejan el status quo de ese momento. Si han leído esto que digo de la institucionalidad en Ernesto Laclau no es mera coincidencia. A Laclau deben darle todo el crédito de lo que yo escribo hoy sobre el institucionalismo.

Ahora, ¿cuál sería el problema de las instituciones?: Las instituciones responden mecánicamente a ese equilibrio de fuerzas que les dieron origen. Cualquiera que desee cambiar el orden de las cosas, la relación de fuerzas, el poder, la riqueza, etc., de alguna manera va a producir fricción en las instituciones. Entonces les van a saltar al cuello estos pulcros señorones de saco y corbata, los institucionalistas.


Veamos mejor el contenido de las políticas: Cómo varió la proporción de pobres e indigentes, cómo se vió afectada la cantidad de personas empleadas, cómo varió la situación de endeudamiento del país y con esto la independencia en términos reales, cómo se ha variado la asignación de derechos a las minorías y a los colectivos más vulnerables. Esto es lo que tenemos que analizar, fundamentalmente. Cuando se gobierna para el cambio, para la inclusión, para el respeto de las minorías y para el bien de las mayorías, poco importan las formas, los modales.




 
Esteban Cámara

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