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viernes, 30 de agosto de 2019

El GPS

Había una vez en una provincia del litoral argentino de cuyo nombre no quiero acordarme un partido que asumió luego de 24 años de gobierno de otro signo político. El nuevo gobernador tenía un apellido que empezaba con B (B1, ponele). El ministro de gobierno, también (B2).
 
Pusieron un ministro de seguridad que no empezaba con B, vamos a llamarle ... 'cerveza'. 
 
Este llamó a un amigo suyo de asesor, experto en aviones.
 
En la provincia habían decomisado recientemente dos aviones que transportaban droga y cuyos tripulantes los habían abandonado. Éste asesor se puso a analizar los gps que portaban los aviones y mapeó las rutas que habían hecho. Presumiblemente, las rutas de la droga.
 
El asesor le pasó el informe a su jefe ministro de seguridad.
 
El ministro de seguridad, cerveza, se los llevó a B2, ministro de gobierno. Luego de leerlo, B2 lo elogió enormemente. ¡Que valioso!, le dijo. ¡Genial!, reafirmaba. ¡Esto nos va a servir mucho!
 
Pasaron los meses y no se supo más nada. Nunca más.
 
Cerveza renunció. El asesor volvió a su quehacer habitual.



PS: No sé que tendrá que ver, pero una de las rutas llevaba al campo de un conocido supermercadista de la ciudad capital de aquella innominada provincia...



martes, 28 de mayo de 2019

Un pequeño ejemplo de corrupción

Me acabo de enterar que cuando yo me fui del cargo de director provincial, mi sucesor armó flor de curro con las licitaciones.




Antes de mi gestión se licitaban los medicamentos con rótulo de 'prohibida su venta, uso oficial' tanto en el envase primario como secundario. Esto daba lugar a toda una tramoya.

Yo eliminè el requisito de rotulado 'Uso oficial' en los envases primarios porque encarecìa enormemente el medicamento y era redundante con el que existìa en el envase secundario.

Mi sucesor, que había sido mi segundo en la jerarquía, restableció el requisito. Y la tramoya, también.
A partir de allí, muchos proveedores enviaban el producto igual que antes, pero a mayor precio. Por su parte, el funcionario político que me sucedió ponía a laburar a la gente de la droguería estatal, por dos mangos, pegando los rótulos que mandaba el laboratorio (a un 3 o 4 % de la diferencia de costos). Y él se llevaba gran parte de esa diferencia, abaratando enormemente los costos de los laboratorios, encareciéndolos respecto del estado santafesino y 'repartiendo' con las empresas. Hoy el pibe está lleno de guita y yo en la lona como siempre.

Eso sí, como si de justicia poética se tratara, este 'chico dorado', está gravemente enfermo de artritis en las manos. Los mismos órganos que se usan para manotear.

Y esto no es un invento mío: está el caso en la justicia, porque por no prestarse a su juego sucio denunciaron falsamente a otro de mis ex colaboradores y, por honesto, lo llevaron a la renuncia y a enfermarse también.

Conclusión 1: Hay gente honesta y hay gente que no lo es. Es una elección de cada día.

Conclusión 2: A veces la pretendida "mayor calidad institucional", lleva a la corrupción. No es la primera vez que lo veo.

Coda: 1- Reitero: El 'procedimiento' ya estaba instalado antes de mi gestión. Yo terminé con eso y desplacé a los implicados. Por eso cambié al jefe de la droguería (que luego terminó enfrentado con mi sucesor y renunciando, enfermo por las presiones) y eliminé el requisito de doble rotulado en las licitaciones. 

2- En la asociación ilícita participaba, al menos, un empleado de compras del ministerio. 
Hablamos de 100 mil u$s por año, por lo menos.
 

A mí ni me ofrecían esas cosas.

¡Manga de prejuiciosos!





Esteban Cámara
Santa Fe, 28/05/2019

martes, 4 de diciembre de 2018

Con ... seguridad

Hay una relación muy estrecha entre la elección de Bolsonaro en Brasil y la de Macri en Argentina, sobre todo teniendo en cuenta que el ministro mejor posicionado de su gabinete es la indefinible Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad.

En el caso de Brasil, desde donde Boaventura de Souza dice que las izquierdas latinoamericanas han  (hemos) perdido la adhesión de la gente pobre de sus (nuestros) países, hay un reclamo que se escucha con la mayor frecuencia como justificatorio del voto Bolsonaro: seguridad.

En cuanto a Patricia Bullrich, la etílica, su fugacidad y sus gestos por momentos ridículos, con varias muertes producto del gatillo fácil y otras linduras de sus subordinados (¿o es al revés?) y con un permanente discurso justificatorio de la mano dura y de la reacción individual frente al problema de la violencia, añadiendo más violencia ("el que quiera andar armado, que ande"), creo que claramente marca el mismo significante. No veo otra explicación a que en un momento en que al país le está yendo tan mal como en 2002, frente al descrédito casi absoluto de todos sus pares, justamente el desempeño de ese personaje tragicómico de la historia argentina pueda resaltar como adecuado.

Entonces, a tono con lo que decía hace algunos meses en este mismo blog (Seguridad Democrática, febrero de 2018) respecto de que nuestro sector ha minimizado el tema seguridad, adjudicándolo a un posicionamiento pequeño burgués o incluso advenedizo, llamándolo sensación, entre otros.

Yo sé muy bien el lugar insignificante que le adjudica a mi pensamiento el sector político que integro. Pero al menos, escuchen lo que dice la gente de los barrios menos favorecidos (yo vivo en un barrio de clase media pero periférico, fuertemente castigado por los robos y el vandalismo que los acompaña, por eso hablo). Y no estamos hablando de la "seguridad de la clase mierda" (como me dijo un troskito hace ya un par de años), estamos hablando de los laburantes, que son los que principalmente sufren el problema de la inseguridad, es sus facetas más peligrosas.

Hace ya rato que vengo reclamando una respuesta desde nuestra ideología, Yo sé perfectamente que la mano dura y el gatillo fácil no son la solución. Pero al no prestar atención a este reclamo social estamos viendo PASAR LA HISTORIA.
Otro reclamo que tengo para mi sector, que es la democratización interna y la horizontalización de las organizaciones populares creo que se secundariza notoriamente frente al problema de la falta de respuesta al reclamo de una respuesta a la inseguridad.

Recuerdo hace no muchos años al estar en un local político céntrico previamente a viajar a una marcha, que los compañeros de mi generación contaban que habían tenido que caminar 10-15 cuadras, en promedio, para llegar al mismo. Yo era el único que vivía a más de 8 kilómetros del mismo. Creo que es un buen ejemplo para entender la diferente sensibilidad que tenemos unos y otros al problema. Cuando a vos no te toca hacer el racconto de daños y robos una vez cada pocos meses, cuando no sentís al volver a tu casa de noche la sensación de peligro de que te podrían estar siguiendo para una entradera, la sensibilidad no es la misma. No es la misma cuando vivís en algún barrio céntrico
Y esa sensación de peligro que siento yo no es tan grave como la que se sufre en una villa, sumada a que en este último caso las mismas fuerzas de seguridad contribuyen enormemente al problema.

No seamos necios, empecemos a trazar alternativas de solución a este problema. No es un reclamo inventado, no es una queja de ricos o de advenedizos: es una necesidad sobre todo de los más necesitados. De nada sirve que un gobierno popular le haya abierto a tu hijo la puerta de la universidad y le haya dado una notebook si cada noche sufrís horrores de que un drogón le vaya a pegar un tiro para robarle la compu al volver de la facultad.

De nada sirve que te hayan dado un plan o hayas conseguido un trabajito más o menos como para parar la olla si al volver de saludar a un pariente por su cumple te reciben los tiratiros a full en el barrio y tenés que sudar frío y encomendarte al gauchito gil para que no te dé un rebote a vos o a tu hijita.

No me cabe la menor duda de que la derecha no va a hacer más que profundizar el problema, pero ellos tienen la complicidad de los medios de comunicación que van a minimizar el problema o, ante la inevitable manifestación del mismo, echarle la culpa a la droga o al garantismo judicial ... o a los derechos humanos (¿no le suena?). Y todo eso, a su vez, remite la culpa, vaya a saber por qué, a nosotros.

La propuesta socioeconómica nuestra seguramente en un par de décadas iba a corregir fuertemente el problema. Pero dos décadas es demasiado tiempo si en ese lapso atentaron 5 o 6 veces contra tu vida o la de tus seres queridos y te saquearon la casa otras tantas veces.

Tenemos que construir una opción mucho más urgente y no veo que estemos ni remotamente conscientes de ello. Mientras ello no ocurra, preparémonos para seguir perdiendo elecciones.




Esteban Cámara
Santa Fe, 4 de diciembre de 2018

miércoles, 7 de febrero de 2018

Seguridad democrática

Esta demanda ciudadana actual de mano dura está desnudando nuestras limitaciones como grupo político a la hora de interpretar el clima social.

Pensábamos, hasta mediados de la década pasada, que la delincuencia estaba basada exclusivamente en la pobreza y, por lo tanto, iba a disminuir significativamente con la mejora económica. No fue así: a pesar de una marcada mejora en los aspectos sociales, los indicadores de delito apenas se modificaron. No planteamos mejoras en cuanto a incremento de seguridad por ninguna vía. Peor aún, en un principio dejamos incólume el autogobierno policial y su rol recaudatorio, al menos en la periferia de la capital, a beneficio de los barones del conurbano.

Es de lamentar que no hicimos lo suficiente en cuanto a control ciudadano de las fuerzas y profesionalización de sus efectivos. La barbaridad asesina de la nueva doctrina que pretenden imponer Macri y Bullrich es vista por la ciudadanía, evidentemente y aunque nos duela, como el único remedio frente a delincuentes que parecen burlarse de los laburantes. Nadie repara en que anteriores endurecimientos de la doctrina (leyes blumberg) no significaron ninguna mejora. Como bovinos enfurecidos, los ciudadanos insisten en ese camino que no va a llegar a ningún lado. Pero de nada sirve quejarse de esto.

Hemos minimizado el fenómeno de la inseguridad durante años (yo me incluyo) y si hago referencia a ello es para que sepamos analizar nuestros errores y, con ello, mejorar nuestras acciones. Muchos compañeros interpretaron el problema como algo ajeno, que afecta a los “burgueses” (‘me cago en la seguridad de la clase mierda’, decía alguien) y hasta se mofaban de ello. No, ese es un grave error, la violencia y los robos afectan principalmente a los pobres, a los trabajadores. Y la gente se cansó, la misma miseria que siembra y reparte el gobierno exacerba el problema y favorece el enfoque represivo que abandera al establishment y a sus representantes en el gobierno.

La gente evidencia estar cansada de la violencia y los robos. YO estoy cansado. A mí me han robado más de una vez por año en estas últimas 2 décadas (la última de ellas en diciembre 2017): nadie debería vivir así. No parece que nos demos cuenta de este cansancio mayoritario, de este malhumor social. Y eso nos cuesta elecciones. De nada sirve que repitamos ese temita boludo del “vamos a volver” si no solucionamos los problemas de enfoque que hacen que no interpretemos el sentir predominante de nuestros conciudadanos y le propongamos una respuesta acorde a nuestros valores e ideología.

El camino de los derechos humanos era útil, a mi juicio, en cuanto a la depuración de las fuerzas y a la baja de la corrupción en su seno, pero no fue suficiente. En su momento no entendí por qué no se crearon nuevas fuerzas de seguridad, con un quiebre dramático, en lo conceptual y formativo, respecto de la historia de ideología derechista, excesos, inmunidad y connivencia que históricamente representaron.

Hoy parece ser aceptado que las ejecuciones extrajudiciales, la mano dura y el balazo por la espalda son la salida a esta situación. No es así, obvio. Pero la gente no tiene la culpa, es que nosotros no hemos sido capaces de establecer la alternativa en el imaginario social. Es una sensación dijimos, negadores (y si bien no es mi caso, insisto no estoy echando culpas ni sermoneando en base al diario del día después). Por otra parte, con una policía corrupta o ineficiente de nada sirve el aumento de las penas. ¿A quién se van a aplicar las penas si nunca se encuentra a los perpetradores del delito? Para que el aumento de las penas surta efecto hay que profesionalizar, mejorar y tecnologizar a los uniformados1.

Por ejemplo: equivocado o no, cuando Berni dijo que a los extranjeros que venían a delinquir había que expulsarlos del país, casi toda nuestra intelectualidad céntrica y bienpensante lo fusiló conceptualmente, hasta pidieron su renuncia y no sé si no lo denunciaron ante el INADI (antidiscriminación). Sentenciaron que su declaración criminalizaba a los extranjeros. No fue así, equivocado o no, no quiere decir lo mismo. ¿Tanto nos cuesta verlo? Es cierto que el problema del delito extranjero es ínfimo, estadísticamente (el problema de base es otro, a mi juicio, pero ya voy a llegar a él). Pero en sí mismo, si un extranjero reincide en delitos de cierta gravedad, ¿es discriminatorio revocarles la ciudadanía y expulsarlos? Si es así, bueno, seré un facho, pero eso pienso.

Yendo al problema de base yo veo lo siguiente:

Los argentinos incumplimos las normas, a cualquier nivel económico y en cualquier cosa.

Carecemos de respeto, somos ignorantes e individualistas:

  • Los ricos evaden impuestos, lavan dinero, coimean a los inspectores cuando cometen alguna infracción de tránsito, tienen empleados en negro y son capaces de robarle hasta a su madre.

  • Los de clase media nos colgamos del cable, negreamos a la doméstica, manejamos para el orto, como si fuéramos los únicos que andan por la calle, contaminamos y mucho más.
En definitiva, desconocemos las normas penales, civiles, de convivencia, impositivas, ecológicas, de tránsito y otras. O, peor, solamente las manejamos teóricamente.

Ahora, yo pienso que la causa mayor de nuestro problema no es ni represiva, ni de calidad policial, ni socioeconómica, aunque de todos estos factores la profesionalización y tecnologización de las fuerzas de seguridad y la inclusión social a la larga van a mejorar significativamente la situación.

A por ello: a mi juicio hay un problema atraviesa a todas las clases sociales y no es de tipo económico (como ya he manifestado), ni educativo (argentina tiene niveles de educación formal más que aceptables), ni policial (no principalmente al menos), ni de legislación penal. El problema es CUL TU RAL.

Voy a hacer un poco de genealogía, basada en mi experiencia, pero también en los relatos de personas conocidas, en la literatura, textos periodísticos, televisión y cine.

Mientras yo crecía, a la policía le teníamos una mezcla de respecto y de miedo. Te podían cagar a palos, pero había cierta idea de que eso sólo ocurriría si nos mandábamos alguna cagada. Teníamos una idea de respeto principalmente basada en la fuerza física, en el uso de armas y bastones.

Luego vino la dictadura militar y se dio rienda suelta a los delitos y violaciones a los derechos humanos más aberrantes. Asesinatos, violaciones, torturas, etc., hasta robos de bebés. De nada se privaron los que debían cuidarnos. Al retornar la democracia, toda la barbarie afloró, se hizo espectáculo.

Aquel respeto que pudimos tener en los uniformados, desapareció. Y muy merecidamente. Pero, lamentablemente, no hubo desde el retorno de la democracia, a mi humilde entender, una política clara de vuelco en la formación, profesionalización, valores y cultura de los uniformados que revirtiera ese sentimiento. Perdimos el respeto, pero debimos perder también a esos uniformados y reemplazarlos por otros.

La policía, por su parte, se dedicó a defender a sus elementos más corruptos y a sus procedimientos más horripilantes, encerrada en una lógica de jauría apaleada. Continuó corrompiéndose y envileciéndose en la defensa de ritos inconsecuentes, retrógrados y violentos2. La doctrina de la mano dura entre ellos jamás se modificó.

He visto una y otra vez cómo los policías arruinan una escena del crimen. En otras latitudes sólo entran a la escena los imprescindibles: el detective a cargo y los técnicos forenses. Todos ellos convenientemente aislados para no contaminar y sumamente cuidadosos evitando pisar huellas y arruinar evidencias. Lo mismo respecto de la cadena probatoria. Aquí en argentina, he visto hasta gobernadores encharcando y contaminando toda la evidencia, y junto a ellos una jauría de jerarcas, curiosos, periodistas, etc. Es lógico que nunca encuentren a nadie, en caso de que quisieran hacerlo.

Retomando, el respeto por los uniformados se perdió y jamás se hizo ningún intento de reconstruirlo. A su vez, aparece el fenómeno mundial de la crisis de representación y se manifiesta en Argentina como anarquismo infantil que lleva a que la gente desconfíe en forma suicida del estado, de los jueces, de los sindicatos, de todo. Lo peor es que hay que desconfiar, eso no está mal, pero no al extremo de darle la espalda y terminar participando del aquelarre. Se llega al extremo de no exigir, en incluso participar de las inconductas, como en “Ladri de biciclette” (Vittorio De Sica), la película neorrealista de 1948.

Pero, si bien el respeto se perdió, no se perdió el miedo. Y eso es muy malo porque origina odio. Ya empezamos a sentir que el policía nos podía no sólo pegar, sino torturar o matar por … cualquier cosa. Hubiera debido ser al revés, pero fallamos como sociedad en cambiar lo malo y conservar lo bueno: hicimos exactamente lo contrario. Y de esto tiene la culpa la escuela, la sociedad, los gobiernos, los medios de comunicación social, los partidos políticos y la propia policía.

Pasamos de una lógica de reverencia basada en el miedo al uniforme y a la violencia legal, a la simple anomia. Claro, en el interín hubo neoliberalismo y una fuerte promoción de la desconfianza por lo colectivo. No es poco.

Hoy el gobierno plantea mano libre a la represión policial, a las ejecuciones extrajudiciales, a la violencia uniformada sin posibilidad de contención. Y la ciudadanía al parecer la apoya. Lo peor que podemos hacer ante esta situación es ignorarla, minimizarla o poner el énfasis en el rol nefasto de los medios de comunicación. Si la inseguridad era una sensación, la gente votó en base a esa sensación. Alguna alternativa a la mano dura debemos presentarle.

Retomando, lo que se debió hacer como sociedad democrática desde el 83 a esta parte es pasar del miedo al poder visible (este es un eje vertical) al respeto entre pares (otro eje muy distinto, horizontal). Un respeto por las normas comunes y democráticas, respeto por los demás y por uno mismo. No vimos claramente la necesidad de ese cambio cultural, y yo me incluyo. No es un camino fácil, como todo cambio cultural llevará décadas, pero necesariamente debemos empezar cuanto antes a transitarlo.

1 En el último robo que sufrí, ninguno de los 7 policías que se apersonaron en mi casa observaron un gran adoquín que había quedado en mi pórtico. Ese adoquín calzaba perfectamente en el abollón que realizaron los ladrones en la puerta y que les permitió forzarla e ingresar a mi domicilio. De esto me dí cuenta yo (una persona patológicamente poco observadora) recién al otro día. Y no hablemos de los horrores ortográficos y de redacción del acta policial, propios de cuasi analfabetos.

2 Me viene a la memoria una historia humorística en el escenario supuesto de un congreso de interpol en donde la policía de distintos países competía por encontrar cuanto antes un determinado conejo. Y allí triunfaba la tecnología japonesa, la organización alemana, la inteligencia británica y otras. La última en aparecer era la policía argentina, con un chancho lleno de moretones, lastimaduras, marcas de cigarrillo y picana al que obligaban a gritar, histéricamente, que en realidad era un conejo.


Esteban Cámara
Santa Fe, febrero de 2018

viernes, 17 de enero de 2014

Seguridad santafesina



Santa Fe es una provincia argentina ubicada en la pampa húmeda, el corazón cerealero y lechero del país, con clima suave que va desde templado a subtropical, excelente suelo y buenas lluvias. Es una provincia de extremos, existen aquí las mayores riquezas y pobrezas, con la desocupación más alta del país. Esto es lógico cuando se trata de riqueza agraria, no industrial. No obstante el IDH (índice de desarrollo humano) es muy alto, fruto de la preocupación por la educación (la población históricamente ha sido bien escolarizada y existen muchas Universidades en su territorio) y persistentes acciones de promoción social emprendidas por el estado.  

Tiene poco más de tres millones de habitantes en 133.000 km cuadrados de superficie (con más o menos la misma superficie, Corea del Sur alberga a 48 millones de personas y Cuba, un 30% más pequeña en superficie, es habitada por 11 millones). Tiene dos ciudades muy importantes: Santa Fe (capital estadual), de 500.000 habitantes y Rosario (importante centro comercial y portuario), con 1.000.000 de habitantes.

Con estos datos llama la atención el alto índice de homicidios que ha venido mostrando la ciudad de Santa Fe al menos desde 2006, con un máximo en 2007 de 25 homicidios por 100.000 habitantes/año. El 90% de esos homicidios fueron conflictos intrafamiliares o vecinales, mínimamente producto de ocasiones de robo o proxenetismo o tráfico de drogas. En años posteriores, el indicador disminuyó hasta un valor de 16, pero volvió a subir, hasta casi llegar al record de 25 en el año 2013.

La ciudad de Rosario tenía un índice de homicidios de 12 en 2007 , pero sufrió un explosivo incremento en 2012-2013, llegando a superar el valor de 20. Aquí, la violencia pasa a explicarse como "cuentas" derivadas del tráfico de drogas. Paralelamente, a principios de 2012 fue detenido el entonces Jefe de Policía de la Provincia de Santa Fe con pruebas e indicios de connivencia y/o protección a narcotraficantes, caso que se encuentra en proceso de judicialización.

El índice de homicidios del país estriba en 5/100.000/año y no se entiende cómo estas ciudades de alto IDH, PBG y nivel de escolarización se han desmarcado tanto.

Mi explicación para este nivel de violencia (publicada en varios artículos), es que la misma se origina en el concepto de autogobierno policial, práctica que llevaron adelante todas las gobernaciones desde 1983. En esta praxis, la policía es conducida por elementos surgidos de la propia fuerza, sin intromisiones de los decisores políticos democráticamente electos. A su vez, se les permite el manejo de "cajas" ilegales tales como las de la protección del proxenetismo, el juego clandestino y la droga. Últimamente se ha sumado una nueva industria: el tutelaje de ladrones domiciliarios y de otros tipos.

A todo esto se le suma la sensación de impunidad que han adquiridos los agentes policiales, que arranca con las prácticas aberrantes de la dictadura y su falta de castigo oportuno.

Volviendo a los años recientes, la protección de narcotraficantes por parte de altos estamentos policiales, e incluso de custodia de expendios de droga por parte de uniformados de menor graduación ha implicado un exorbitante incremento del negocio de la droga y del tamaño y finanzas de los grupos ilegales que la manejan. Consecuentemente, y en particular en la ciudad de Rosario, aumentaron drásticamente desde hace pocos años, los asesinatos ,presumiblemente realizados por sicarios, de personajes de altos ingresos de origen dudoso.

Un caso particular fue el de un empresario de apellido Medina, asesinado junto a una joven apenas ingresaron a la ciudad de Rosario. El mencionado, sospechado de lavado y radicado desde hacía un tiempo en otra provincia se dirigía a realizar un trámite notarial cuando fue encerrado por otro vehículo y asesinado fríamente junto con su acompañante. Del hotel donde se alojaba el asesinado, la policía recupera una computadora de propiedad de la víctima y, cuando funcionarios judiciales concurren para recibirla encuentran, insólitamente, a dos altos funcionarios del gobierno provincial (Javier Echaniz, Secretario de Tecnologías para la Gestión, Ministerio de Gobierno y Reforma del Estado y Martín Degratti, Subsecretario de Infraestructura y Comunicaciones, dependiente del anterior). Ambos funcionarios dependen del Ministro de Gobierno y RE, Rubén Galassi y, particularmente Echaniz, se sabe que está fuertemente vinculado al ex gobernador y líder del partido de gobierno, Hermes Binner (a su vez el impulsor de la carrera del ex jefe policial detenido y su tal vez único defensor), a través de uno de sus hijos. Estos funcionarios manifiestan haber respondido a un pedido de colaboración para analizar el contenido de la computadora, pedido que desde la justicia se niega. Lo extraño es que, de haber existido tal pedido de colaboración, hayan sido precisamente tan altos funcionarios políticos (nivel 2 y nivel 3 ministerial, respectivamente), quienes se hubieran comisionado personalmente para tomar contacto con el contenido, en lugar de personal de mejor cualificación técnica (pero tal vez no de tanta confianza para los gobernantes actuales y anteriores) ... 

La jueza actuante (Rodenas), una vez recuperada la computadora la mandó a peritar por parte de una fuerza de seguridad nacional, para garantizar imparcialidad.

Otro hecho curioso relacionado con este caso fue el allanamiento ilegal (sin orden judicial) que intentaron agentes de la policía judicial santafesina en el country de otra provincia en donde había fijado su domicilio el asesinado Medina. Se desconoce hasta el momento qué autoridad ordenó el fallido procedimiento.

Es particularmente llamativo el silencio o minimización de la prensa santafesina respecto de estos (y otros) sucesos, cuando son en desmedro de los funcionarios actuales. ¿Qué costo tiene esto?

Otro hecho preocupante lo constituye el motín efectuado por la policía santafesina los primeros días de diciembre, en donde muchos efectivos abandonaron su servicios, dejando desprotegida a la población con el consiguiente resultado de saqueos a comercios e incluso, la pérdida de una joven vida. Pude constatar con mis propios ojos el nivel evidente de coacción en intimidación demostrado por los manifestantes que concurrieron, varios de ellos armados y de uniforme, a las puertas de la casa de gobierno santafesina. El gobierno provincial, respondió a esto con inusitada suavidad, casi complacencia, posibilitando un aumento de sueldos de un 60% como premio a la insolencia y a la traicion de los efectivos.

Previo a éste hecho, fue baleada la casa del gobernador de la provincia con un arma nueve milímetros que luego se encontró en poder de un uniformado provincial.

Generalizando, este gobierno provincial no da muestras de tener la actitud, la capacidad o siquiera la intención de controlar a la policía. Resulta particularmente débil la imagen del Ministro de Seguridad, como agravante de esto, quien aparece a lo sumo como un comentarista de los acontecimientos, de ninguna manera como un decisor o controlador.

En este marco resulta casi una burla el premio otorgado por el BID a la provincia en materia de seguridad por el programa Vínculos, de prevención social de la violencia a una provincia con una policía insolente y desmadrada, frecuentemente denunciada por vejámenes y connivencia con el delito y con una resultante de violencia inaudita para el país, con índices de homicidio que cuadruplican o quintuplican las medias nacionales.



Fuentes: Rosario 12, declaraciones de la jueza Rodenas


Esteban Cámara
Santa Fe, 17 de enero de 2013