sábado, 29 de agosto de 2026

¿Sirve de algo un militante boludo?

Tomado del portal Educ.ar: Manifestaciones políticas 1960 - 1970

Disculpenme si varias otras veces he contado mis inicios en la política, pero el público se renueva.

Comencé con doce años a interesarme por los salarios de los trabajadores en diferentes partes del mundo, supongo que motivado por el hecho de que mi vieja se deslomaba laburando como docente y directiva de escuelas y era muy buena en ello y así y todo siempre estabamos a punto de que nos comieran los piojos. Es situación me enseño la injusticia económica constitutiva y estructural del capitalismo. Era el comienzo de los años setenta.


Tiempo después mi hermano mayor comenzó a relacionarse con gente de izquierda y a traer material político a casa. Poco después empezó a militar en ASENA (Agrupación Secundaria Nacional), gremialismo estudiantil de la escuela media orientado por el FIP (Frente de Izquierda Popular -y Nacional) cuyo referente era el historiador y político Jorge Abelardo Ramos.


Mi mamá provenía de un hogar de clase media alta o alta y su padre fue empresario cerealero, relacionado al nacionalismo de los años treinta. Mi padre, ya excluído del hogar, era hijo de un importante dirigente radical irigoyenista de la provincia que fue uno de los que fundó el laborismo (peronismo) aunque poco después se distanció. El abuelo Guillermo Fortunato había sido diputado provincial y nacional. En síntesis, era una familia familia bastante gorila.


Entre aquel material recuerdo bastante una revista que se llamaba héroes del tercer mundo en donde conocí la trágica historia de Patrice Lumumba, el Che Guevara y otros.


Luego pasé a militar en ASENA y mi mamá en el gremialismo docente de izquierda (SINTES).


Para el setenta y cinco y en medio de un baño de sangre, dejamos todos la militancia, excepto mi hermana Ana María que precisamente la comenzó ese año en el marco de la JUP al mismo tiempo que comenzaba con los estudios de filosofía en la Universidad Católica. En la dictadura militar estuvo injustamente 5 años en prisión.


Para fines de 1982, con Ana ya libre, me dí cuenta de que era peronista y en marzo de 1983 me afilié al Partido Justicialista.


Para mediados de año, con un grupo de compañeros peronistas de la facultad intentamos fundar la JUP de Bioquímica, pero a la primera reunión apareció de la nada un pavo a bajarnos línea. Yo dejé de ir a las reuniones porque no me gusta el manijeo. Creo que los demás hicieron lo propio.


Casi simultáneamente empecé a militar en la juventud de la agrupación Intransigencia y Movilización Peronista (IMP), llevando conmigo a un grupo de 6 o 7 compañeros, entre ellos a un par de la fallida JUP de Bioquímica.


Cierto viernes de diciembre en la previa de una reunión de la agrupación, uno de ellos me pregunta preocupado qué había de cierto en que IMP respondía a Firmenich y Vaca Narvaja (dirigentes de la OPM Montoneros). Le respondí que no sabía nada de eso y que le iba a preguntar a nuestro referente de juventud.


La respuesta de él fue que “no, de ninguna manera”, cosa que les trasmití al resto.


Al otro día nos desayunamos con la novedad de que a aquellos dirigentes montoneros los habían detenido en Brasil y parecía que los extraditarían a Argentina en cualquier momento, cosa que los tenía aterrorizados.


De la agrupación nos llamaron a plenario extraordinario para el día siguiente, domingo. En éste plenario nos dijeron que teníamos que salir a militar por la liberación de Firmenich y Vaca Narvaja y a decir que nosotros respondíamos a ellos. Uno de los que nos decía esto era el Piojo, el mismo que el viernes me había jurado que no teníamos nada que ver con ellos.


Mis compañeros de facultad me miraron como a un mentiroso y traidor. Yo le fui a pedir explicaciones al piojo y no hubo pedido de disculpas o explicaciones políticas basadas en la organicidad y la oportunidad. No, simplemente me dijo “fuiste un boludo por creerme el viernes”. Bien, respondí yo y nunca volví a militar con ellos. Tampoco lo hizo ninguno de los otros que me habían acompañado en esa breve militancia.


Luego aquel piojo traicionaría al movimiento y se vendería al mejor postor para diversos bandos, para luego volver o no, según le conviniera individualmente.


La pregunta mía que nadie me ha respondido hasta ahora es ¿estuvo bien en responderme así?, ¿no había otra vía, argumentando oportunidad u organicidad?


En meses sucesivos de la agrupación me vinieron a buscar un montón de veces, pero ya era tarde, la respuesta aquella había dinamitado todos los puentes. Paralelamente, IMP se fue al re carajo cuando parecía que se podía convertir en el núcleo duro del partido.


No es de extrañarse que al día de hoy yo reivindique a los militantes pensantes, decisores, participativos y no a los sumisos obedientes de choripaneada, pintada y panfleteada. Al parecer, la dirigencia no ha sabido cambiar nada en estas décadas y a la democracia interna la miran con desprecio o ni la consideran. Por esto son mayoría entre los militantes, los esperanzados en algún cargo municipal o provincial. Y así de rápido se dan vuelta cuando a las elecciones las gana otro, como se verificó.


En fin ¿sirve de algo un militante boludo?




Esteban Cámara


Santa Fe, agosto de 2023