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| Juan Manuel Blanes, ocupación militar al Río Negro en la expedición al mando del General Roca, 1879. Fuente: La Izquierda Diario |
Sincericida significa decir la verdad aunque no le convenga a uno mismo. No es sinónimo hacer daño a otros con opiniones no solicitadas
jueves, 25 de junio de 2026
La tercera campaña del desierto
miércoles, 10 de junio de 2026
La dictadura es un boxeador groggy
Uno a cada lado de un vidrio blindado. Ella, 23 años, presa política en la cárcel de villa devoto. Yo, estudiante universitario por cumplir 18 años. Mi hermana, ex estudiante de filosofía de la católica de santa fe, militante de la JUP.
Escuchame, Esteban: La dictadura es un boxeador groggy.
Mi respuesta fue: Nada que ver. Están más fuertes que nunca.
Ana (1955-2019) insistió, flaquita como nunca, pelo oscuro y lacio como siempre, insistente y bastante emocional y enfática: Negro, la dictadura es un boxeador groggy.
Yo, Están locos. Son más fuertes que nunca.
Hablábamos a través de esos micrófonos de metal en U de los locutorios de Devoto. Contaba la leyenda que abajo, en donde se unían ambas ramas, estaban re cableados. Ana en las primeras visitas me había enseñado a hablar con lengua de señas para eludir el espionaje, todavía me acuerdo de las señas. Pero no, no pasó nada. Si estaban escuchando, no se evidenció.
La conversación terminó ahí. Faltaba poco para la navidad de 1978, había terminado el mundial y el pueblo argentino no manifestaba la menor rebelión frente a la dictadura. Recién un par de años después se evidenciaría masivamente el quebranto económico del neoliberalismo.
Aquel boxeador groggy era la charla introductoria para sumar a la contraofensiva montonera. Yo para ese entonces no sabía nada de ninguna contraofensiva, recién empezaría a ver cositas meses después.
Desde hacía mucho tiempo yo, que militaba desde los 12 años en la izquierda nacional y popular, sabía que a las revoluciones no las hacen vanguardias iluminadas sino que el pueblo simplemente es su propia vanguardia. Ya lo había discutido con Ana y también con el Negro Martín (nom de guerre) que estuvo refugiado en casa y era alto responsable de Montoneros. En casa se hicieron un par de reuniones de conducción regional de la OPM Montonera y luego de alguna de ellas yo les había dicho, ¿cómo van a hacer la revolucion ustedes si son un grupo de pibes de clase media? No tuve respuesta.
Yo compartía ideales con ellos. Pero no la lucha armada en ese contexto, no como vanguardia autoproclamada. En un principio mi ídolo era Salvador Allende, pero en septiembre de 1973 un ametralladorazo en La Moneda partió al medio mi creencia en revoluciones pacíficas.
Entre los muchos que estuvieron refugiados en casa mientras el depto fue seguro estaba una mujer rubia y muy blanca, muy hermosa. Tal vez la mujer más hermosa que yo vi en mi vida. Estaba con su hijito a quien apodaban el chancho. Un bebote hermoso, casi un muñeco.
Luego, por el 75 dejé el FIP y de militar mientras los cuerpos florecían en las cunetas. Lo mismo hizo mi otro hermano y mi vieja, gremialista docente de izquierda.
Casi ninguno de mis amigos y/o compañeros de escuela parecía adherir a la lucha armada.
Entonces vino el golpe tan anunciado (24/03/76). Después, el 23 de marzo de 1977, Ana María es secuestrada en casa en circunstancias que ya he contado y los secuestradores casi me parten al medio de un ametralladorazo, providencialmente frenado por el jefe del grupo que abortó la ráfaga con una señal de su mano.
En abril de 1978 la dictadura trasladó a mi hermana en avión (mediando piñas, patadas y simulacros de fusilamiento) y a todas sus compañeras de prisión en la GIR (¡quedaba a dos cuadras de mi casa!) al penal de Villa Devoto en Buenos Aires, como rehenes frente a actos armados en el mundial. Poco antes habían producido la masacre de Pabellón Séptimo, como para hacer sitio...
Mucho después supe del foquismo y de de Bray a quienes había refutado por adelantado.
Un 25 de mayo de 2015 en Buenos Aires, un compañero de Gálvez me contó que, estando en prisión. él había reclutado a su hermanito de 16 para la contraofensiva. Lo último que supieron de él es que se había refugiado en unas cuevas. Me llamó la atención que no parecía evidenciar ninguna culpa.
La contraofensiva tuvo un saldo de centenares de muertos, compañeros que estaban a salvo en el exilio y que fueron obligados a volver. Juan Gelman contaba que a él lo fueron a intimidar un grupito con ametralladoras. Habían sido cumpas hasta hacía minutos, habían partido el pan y la sal, tomado mate y cantado himnos de resistencia juntos. Una de ellas era María Antonia, una compañera que sobrevivió milagrosamente a los fusilamientos de Trelew. Ella sí volvió y fue asesinada por la dictadura. Al gobierno militar no le movió la aguja ni lo más mínimo la matanza.
También cayó valientemente aquella tan hermosa chica que estuvo refugiada en casa, pareja de un alto dirigente.
A Firmenich y Vaca Narvaja los odio. No tanto como a los milicos, pero no los voy a perdonar nunca.
Tengo entendido que Vaca Narvaja dijo recientemente en una entrevista que la contraofensiva había sido un éxito. Desgraciadamente, no hubo repreguntas.
Esteban Cámara
Santa Fe, 10 de junio de 2026
domingo, 10 de mayo de 2026
Una noche fría más
Es de noche, una noche muy oscura y fría y resuena un maullido en el pórtico de casa. Me levanto sin despertarme del todo pensando que es la gatita blanquinegra, adoptada hace pocos meses. Pero camino de la puerta la veo durmiendo a los pies de mi cama. Casi siempre duerme en un sillón del living, salvo en las escasas ocasiones en que lo hace en una silla de mi pieza o en la de mi hijo. Muy raramente duerme en mi cama y, cuando lo hace, duerme a los pies y sin hacer contacto
Abro igual y veo una enorme gata anaranjada que parece buscar refugio. La dejo entrar. A partir de allí empiezan a pasar cosas raras, como si me hubieran hipnotizado. Los cuerpos se deforman, ondulantes, los movimientos habituales se vuelven extrañamente lentos o demasiado rápidos y una ligera niebla blanquecina parece haber invadido la casa.
En todo momento mi gata blanquinegra gruñe y sisea a la visita, y se posiciona interpuesta entre nosotros. Amaga atacarla cuando intenta acercarse a mí. En un principio pienso que son celos.
En un instante, la gata anaranjada se transforma en una hermosa joven rubia, desnuda y de cuerpo escultural. Me dice que me va a preparar un trago para que me relaje. Dice que me va a liberar. Habla de libertad todo el tiempo. Dice que estoy preso y su trago me va a ayudar a salir de mi desgracia.
Se acerca con un vaso extraño en sus manos. No es un vaso de casa, es plateado, chato y tiene suciedad y herrumbre. El líquido en su interior es verdoso como bilis, horrible. Intuyo que es veneno, me convenzo de ello. Echo de mi casa a la joven, gritando. Mi gata en todo momento permanece en el medio de nosotros, siseando, mostrando los dientes y emitiendo esa modulación típica de los gatos cuando pelean.
La joven se transforma de nuevo en gata anaranjada y escapa rápidamente todo lo que puede. El vaso, no sé como, desaparece sin dejar rastro. Finalmente conseguimos que el ser extraño salga por la puerta delantera. En la vereda había en ese momento dos perros negros y un gato de igual color, animales amigos, mascotas del barrio. Ellos espantan a la gata extranjera, la atacan ferozmente hasta que desaparece sin dejar el menor rastro.
Me acuesto y mi pequeña gata blanquinegra se tiende a mi lado espalda con espalda.
Despierto y mi gatita está durmiendo espalda con espalda conmigo. Raro, porque casi siempre duerme en un sillón del living, salvo en las escasas ocasiones en que lo hace en una silla de mi pieza o en la de mi hijo. Muy raramente duerme en mi cama y, cuando lo hace, duerme a los pies y sin hacer contacto.
Esteban Cámara
Santa Fe, 10 de mayo de 2026
martes, 17 de febrero de 2026
Una vida comiendo mielda
Érase una tarde de abril en La Habana del Este, en la playa frente al Hotel Atlántico. Estoy haciendo la plancha con un mar muy tranquilo, luego de haber nadado hasta el banco de arena que está algunas decenas de metros hacia adentro. Choco contra alguien, una mujer. Pega un grito como de terror, pido disculpas y me alejo un poco.
En eso se me acerca un cubano pelón, de unos 35 años y me dice si no me gusta la chica, señalando hacia el este. Lo primero que veo es una escultural morocha en sus veintitantos. Decepción, no era ésa. Miro y hay otra más baja y de más edad. No está mal.
Le digo al tipo que nada de jineteras, hace como que se ofende y retruca: No, no. Nada de eso.
La chica quiere conocerlo, agrega. Bueno, le digo y la llama. Viene y me dice que se llama algo que entiendo como Zuni. Ese nombre me parece muy feo y viejo. Pero había entendido mal, era uno de esos nombres cubanos que aquí en argentina nunca hubiéramos escuchado, parecido a Zuni, pero diferente. Igualmente, hasta el día de hoy jamás he vuelto a conocer alguien que se llame así. Ni dominicana, ni haitiana, ni venezolana.
Empezamos a charlar, le pregunto si le gusta caminar, me dice que sí. Me cuenta que suele ir a marchas políticas, le digo que me gustaría que me acompañe cuando vaya a una. Asiente.
Empezamos una relación. Me dice que se quiere venir a la Argentina y que necesita que yo le haga una carta invitación que es lo que le exige su país para salir de allí. Eso sólo le piden, contrariamente a lo que popularmente se cree. Luego, mi país, le pide además 4000 dolares en una cuenta bancaria, pero ella me aclara que a eso lo consigue ella. Que alguien le presta.
Le digo que lo que yo necesito es una compañera de vida. No dice que no. Tampoco que sí.
Me siento enamorado y accedo a pagarle el pasaje, unos mil y pico de dolaritos.
Viene. El primer aviso se da cuando al llegar le regalo un celular económico que al poco rato se le cae y se rompe. Me dice lo barato sale caro. Yo no soy rockefeler y no me puedo andar sacando celulares de gama alta del ojete, pienso. Pero no lo digo. A veces soy demasiado educado.
Uno de los primeros días le doy de comer una receta de spaghettis que yo inventé y que para mí es exquisita. Se cocina la pasta en caldo de verduras y una vez colados se les añade manteca y aceite de oliva. Termina la sencilla preparación con un generoso baño de reggianito de buena calidad. Yo los bauticé spaghettis a la Juli, en honor a mi hija porque fue lo primero que le enseñé a cocinar para ella e Irina.
Me dijo: a esto en cuba le llamamos pasta a la pobre. Ah, mierda, que son exigentes estos cubanos. Limosnera y con garrote, dirían nuestros hermanos Mexicanos. Segundo aviso.
Vuelve a su país porque según dice, su hijo mayor cayó en prisión. Vaya a saber, pienso hoy en día. Soy tan gil que le vuelvo a pagar el pasaje, otros mil y pico. Promete devolvérmelo cuando venda la casa. Spoiler: fingirá demencia.
Al poco de estar en Argentina empecé a ver su verdadera intención. Juntar dolares para traer a su hija más pequeña, trabajando el tiempo que fuera. No me parece mal, pero a mí no me aportaba nada.
Muy mentirosa, mentirosa natural. No conocí a nadie que mintiera con tanta naturalidad. Una vez me contó de un juego que tienen en su pago que consiste en mentir. El mejor mentiroso gana. Se ve que lo practicó mucho.
Lo de que le gustaba caminar, ja ja. Tal vez 2 o 3 cuadras, no más. Jamás cumplió tampoco con la promesa de acompañarme a marchas políticas, siempre tenía algo mejor que hacer.
Una tormenta me vuela el techo de mi casa. Me las tengo que arreglar solo porque ella trabaja 12 horas por día los benditos siete días de la semana.
Antes de terminar el arreglo del techo un perro se me cruza al andar en moto y en la caída me fracturo en cuatro partes la mano derecha. Yeso 75 días. Ella sigue trabajando 7 x 12, ininmutada. A veces le tenía que rogar que me haga algo de comer para el otro día. Ni un día fue capaz de tomarse, para ayudarme. Lidio solo con los albañiles del techo, el plomero y el yesero.
Un día me dice: voy a dejar ese trabajo dos días a la semana. Pienso, bueno, se va a quedar a ayudarme con los arreglos de la casa. Ja, no. Toma otro trabajo esos dos días. Parece totalmente sorda a mis pedidos. Compañera de vida, había dicho yo. Que iluso.
Descubro una mentira y luego de la pelea se va.
Empezamos una relación discontinua, como de novios. Siempre promesas que nunca va a cumplir. Yo siempre ayudando no sé para qué.
Un par de años así y me dice que su abuelita se muere, que están esperando que vaya ella para desconectarla. Me pide prestado para el pasaje. Le presto no sin antes asegurarme que tiene como devolverlo porque tiene un dinero a plazo fijo que va a cobrar poco después de volver. Lo hace y, caete de culo, cumple en devolverlo. Igual, me debe unos 5.000 entre pasajes y otros gastos.
Publica fotos de una subida a la virgen de la caridad del cobre y, obvio, se ve claramento la sombra de la abuelita nosferatu en los escalones. Al recortar la foto, no se dio cuenta. Algo sé de terapia intensiva (saqué sangre una década a pacientes de UTI), pero viajar 150 km desde Bayamo y subir 254 escalones no es muy posible para una persona con enfermedad terminal.
Bueno, se terminó todo. A veces hasta a mí mismo me sorprendo de lo pelotudo que puedo llegar a ser. Bueno, soy autista de grado uno, excesivamente verbales no sabemos leer el lenguaje gestual y solemos ser crédulos. Es lógico.
Aun así, ella era muy buena en el arte de comer mierda.
Esteban Cámara
Santa Fe, Argentina
Febrero de 2026

