La primera campaña del desierto (1860-1890) consistió en desarticular la hegemonia de los pueblos originarios en el sur y en el Gran Chaco y terminar con los últimos núcleos de federalismo popular en el interior del país. Genocidio y destierro. O, para decirlo a la manera de mi barrio, o te vas o te matamos.
En esta oportunidad, la oligarquía argentina aplicó sobre los pueblos originarios y otros objetivos, las mismas repudiables herramientas del colonialismo europeo: masacres, esclavitud de los sobrevivientes, traiciones. Obviamente, no había ningún desierto, eran territorios de los pueblos afincados allí desde decenas de miles de años.
A partir de los territorios surgidos del despojo de sus verdaderos dueños, es muy importante analizar cómo se repartieron las tierras mal habidas: se distribuyeron entre militares, empresarios y hacendados (uno de apellido Bullrich, si les suena) a razón de miles de hectáreas por cada uno. Este modelo de latifundios poco productivos configuró un proyecto político, social y económico que da el resultado en nuestros días de una oligarquía parasitaria productora de commodities de bajo precio y valor agregado (mano de obra no intensiva) y antiindustrialista. Este modelo productivo necesita vender caro y en divisa fuerte como el dólar y para poder hacerlo no se le ocurre otro tipo de relacionamiento que funcionar como el depositorio de los bienes industrializados, aún los de bajísima calidad que los compradores de granos y carne, producen.
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| Juan Manuel Blanes, ocupación militar al Río Negro en la expedición al mando del General Roca, 1879. Fuente: La Izquierda Diario |
La segunda campaña del desierto (1976-1983) fue ejecutada contra los sindicatos y las organizaciones político militares con el objetivo, como dijo el genocida Videla que murió cagando en una celda con varias condenas a cadena perpetua encima, de disciplinar el país. Como consecuencia de ello, hubo cientos de bebés secuestrados, decenas de miles de desaparecidos, otros tantos encarcelados y torturados y cientos de miles de exiliados internos y externos. Paralelamente, el proyecto económico de Martínez de Hoz, ministro de Videla, desindustrializó, bajó aranceles de importación, mantuvo artificialmente bajo el precio del dólar y produjo un guillotinamiento del producto bruto interno a la mitad del anterior, al par que endeudaba brutalmente al país (la deuda pasó de 8 mil millones a 56 mil millones de dólares) y aumentaba la desocupación y la pobreza. Nuevamente, genocidio y destierro.
Hoy veo que vivimos la tercera campaña del desierto. El proyecto oligárquico avanza en extranjerizar los recursos primarios, minerales, petróleo, gas litio y la tierra, desindustrializando para lograr un aumento brutal de la desocupación y conseguir que el grueso de la población argentina desaparezca, ya sea físicamente o por exilio. Una vez logrado esto, en un plazo que ellos plantean a 30 a 40 años, las clases oligárquicas se prestan a convertirse en los gerentes locales de las grandes fortunas yankees. A ellos, el pueblo argentino los estorba y les molesta en su afán de entregar todos los recursos a sus patrones del Norte del continente, a la vez que drenan recursos para salud y educación que ellos quieren en sus bolsillos.
Esta teoría tan radical es la única que conecta todos los puntos de la políticas de Milei: abandono de la obra pública, destrucción del sistema científico tecnológico, degradación y hambreamiento de las universidades nacionales, destrucción del sistema de salud pública, securitismo-criminalización de la protesta social, destrucción del aparato industrial por liberalización de importaciones (es interesante destacar que la desaparición de los tarifas de importación alcanza a los productos terminados y no a las materias primas) y por baja a niveles artificiales del precio del dólar, endeudamiento externo brutal, abandono de los sectores más desprotegidos.
Nuevamente, lo que propone la oligarquía argentina para las mayorías populares en esta tercera campaña del desierto es genocidio o exilio.
Esteban Cámara
Santa Fe, 25 de junio de 2026

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