domingo, 10 de mayo de 2026

Una noche fría más

Es de noche, una noche muy oscura y fría y resuena un maullido en el pórtico de casa. Me levanto sin despertarme del todo pensando que es la gatita blanquinegra, adoptada hace pocos meses. Pero camino de la puerta la veo durmiendo a los pies de mi cama. Casi siempre duerme en un sillón del living, salvo en las escasas ocasiones en que lo hace en una silla de mi pieza o en la de mi hijo. Muy raramente duerme en mi cama y, cuando lo hace, duerme a los pies y sin hacer contacto

Abro igual y veo una enorme gata anaranjada que parece buscar refugio. La dejo entrar. A partir de allí empiezan a pasar cosas raras, como si me hubieran hipnotizado. Los cuerpos se deforman, ondulantes, los movimientos habituales se vuelven extrañamente lentos o demasiado rápidos y una ligera niebla blanquecina parece haber invadido la casa.

En todo momento mi gata blanquinegra gruñe y sisea a la visita, y se posiciona interpuesta entre nosotros. Amaga atacarla cuando intenta acercarse a mí. En un principio pienso que son celos.

En un instante, la gata anaranjada se transforma en una hermosa joven rubia, desnuda y de cuerpo escultural. Me dice que me va a preparar un trago para que me relaje. Dice que me va a liberar. Habla de libertad todo el tiempo. Dice que estoy preso y su trago me va a ayudar a salir de mi desgracia.

Se acerca con un vaso extraño en sus manos. No es un vaso de casa, es plateado, chato y tiene suciedad y herrumbre. El líquido en su interior es verdoso como bilis, horrible. Intuyo que es veneno, me convenzo de ello. Echo de mi casa a la joven, gritando. Mi gata en todo momento permanece en el medio de nosotros, siseando, mostrando los dientes y emitiendo esa modulación típica de los gatos cuando pelean.

La joven se transforma de nuevo en gata anaranjada y escapa rápidamente todo lo que puede. El vaso, no sé como, desaparece sin dejar rastro. Finalmente conseguimos que el ser extraño salga por la puerta delantera. En la vereda había en ese momento dos perros negros y un gato de igual color, animales amigos, mascotas del barrio. Ellos espantan a la gata extranjera, la atacan ferozmente hasta que desaparece sin dejar el menor rastro. 

Me acuesto y mi pequeña gata blanquinegra se tiende a mi lado espalda con espalda.

Despierto y mi gatita está durmiendo espalda con espalda conmigo. Raro, porque casi siempre duerme en un sillón del living, salvo en las escasas ocasiones en que lo hace en una silla de mi pieza o en la de mi hijo. Muy raramente duerme en mi cama y, cuando lo hace, duerme a los pies y sin hacer contacto.

 

 

Esteban Cámara 

Santa Fe, 10 de mayo de 2026