martes, 17 de febrero de 2026

Una vida comiendo mielda


Érase una tarde de abril en La Habana del Este, en la playa frente al Hotel Atlántico. Estoy haciendo la plancha con un mar muy tranquilo, luego de haber nadado hasta el banco de arena que está algunas decenas de metros hacia adentro. Choco contra alguien, una mujer. Pega un grito como de terror, pido disculpas y me alejo un poco.

En eso se me acerca un cubano pelón, de unos 35 años y me dice si no me gusta la chica, señalando hacia el este. Lo primero que veo es una escultural morocha en sus veintitantos. Decepción, no era ésa. Miro y hay otra más baja y de más edad. No está mal.

Le digo al tipo que nada de jineteras, hace como que se ofende y retruca: No, no. Nada de eso.

La chica quiere conocerlo, agrega. Bueno, le digo y la llama. Viene y me dice que se llama algo que entiendo como Zuni. Ese nombre me parece muy feo y viejo. Pero había entendido mal, era uno de esos nombres cubanos que aquí en argentina nunca hubiéramos escuchado, parecido a Zuni, pero diferente. Igualmente, hasta el día de hoy jamás he vuelto a conocer alguien que se llame así. Ni dominicana, ni haitiana, ni venezolana.

Empezamos a charlar, le pregunto si le gusta caminar, me dice que sí. Me cuenta que suele ir a marchas políticas, le digo que me gustaría que me acompañe cuando vaya a una. Asiente.

Empezamos una relación. Me dice que se quiere venir a la Argentina y que necesita que yo le haga una carta invitación que es lo que le exige su país para salir de allí. Eso sólo le piden, contrariamente a lo que popularmente se cree. Luego, mi país, le pide además 4000 dolares en una cuenta bancaria, pero ella me aclara que a eso lo consigue ella. Que alguien le presta.

Le digo que lo que yo necesito es una compañera de vida. No dice que no. Tampoco que sí.

Me siento enamorado y accedo a pagarle el pasaje, unos mil y pico de dolaritos.

Viene. El primer aviso se da cuando al llegar le regalo un celular económico que al poco rato se le cae y se rompe. Me dice lo barato sale caro. Yo no soy rockefeler y no me puedo andar sacando celulares de gama alta del ojete, pienso. Pero no lo digo. A veces soy demasiado educado.

Uno de los primeros días le doy de comer una receta de spaghettis que yo inventé y que para mí es exquisita. Se cocina la pasta en caldo de verduras y una vez colados se les añade manteca y aceite de oliva. Termina la sencilla preparación con un generoso baño de reggianito de buena calidad. Yo los bauticé spaghettis a la Juli, en honor a mi hija porque fue lo primero que le enseñé a cocinar para ella e Irina.

Me dijo: a esto en cuba le llamamos pasta a la pobre. Ah, mierda, que son exigentes estos cubanos. Limosnera y con garrote, dirían nuestros hermanos Mexicanos. Segundo aviso.

Vuelve a su país porque según dice, su hijo mayor cayó en prisión. Vaya a saber, pienso hoy en día. Soy tan gil que le vuelvo a pagar  el pasaje, otros mil y pico. Promete devolvérmelo cuando venda la casa. Spoiler: fingirá demencia.

Al poco de estar en Argentina empecé a ver su verdadera intención. Juntar dolares para traer a su hija más pequeña, trabajando el tiempo que fuera. No me parece mal, pero a mí no me aportaba nada.

Muy mentirosa, mentirosa natural. No conocí a nadie que mintiera con tanta naturalidad. Una vez me contó de un juego que tienen en su pago que consiste en mentir. El mejor mentiroso gana. Se ve que lo practicó mucho.

Lo de que le gustaba caminar, ja ja. Tal vez 2 o 3 cuadras, no más. Jamás cumplió tampoco con la promesa de acompañarme a marchas políticas, siempre tenía algo mejor que hacer. 

Una tormenta me vuela el techo de mi casa. Me las tengo que arreglar solo porque ella trabaja 12 horas por día los benditos siete días de la semana.

Antes de terminar el arreglo del techo un perro se me cruza al andar en moto y en la caída me fracturo en cuatro partes la mano derecha. Yeso 75 días. Ella sigue trabajando 7 x 12, ininmutada. A veces le tenía que rogar que me haga algo de comer para el otro día. Ni un día fue capaz de tomarse, para ayudarme. Lidio solo con los albañiles del techo, el plomero y el yesero. 

Un día me dice: voy a dejar ese trabajo dos días a la semana. Pienso, bueno, se va a quedar a ayudarme con los arreglos de la casa. Ja, no. Toma otro trabajo esos dos días. Parece totalmente sorda a mis pedidos. Compañera de vida, había dicho yo. Que iluso.

Descubro una mentira y luego de la pelea se va.

Empezamos una relación discontinua, como de novios. Siempre promesas que nunca va a cumplir. Yo siempre ayudando no sé para qué.

Un par de años así y me dice que su abuelita se muere, que están esperando que vaya ella para desconectarla. Me pide prestado para el pasaje. Le presto no sin antes asegurarme que tiene como devolverlo porque tiene un dinero a plazo fijo que va a cobrar poco después de volver. Lo hace y, caete de culo, cumple en devolverlo. Igual, me debe unos 5.000 entre pasajes y otros gastos.

Publica fotos de una subida a la virgen de la caridad del cobre y, obvio, se ve claramento la sombra de la abuelita nosferatu en los escalones. Al recortar la foto, no se dio cuenta. Algo sé de terapia intensiva (saqué sangre una década a pacientes de UTI), pero viajar 150 km desde Bayamo y subir 254 escalones no es muy posible para una persona con enfermedad terminal.

Bueno, se terminó todo. A veces hasta a mí mismo me sorprendo de lo pelotudo que puedo llegar a ser. Bueno, soy autista de grado uno, excesivamente verbales no sabemos leer el lenguaje gestual y solemos ser crédulos. Es lógico. 

Aun así, ella era muy buena en el arte de comer mierda.

 

  

 

 

Esteban Cámara 

Santa Fe, Argentina

Febrero de 2026 

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