martes, 4 de septiembre de 2012

Pertenencia de los Derechos Humanos

Cuando estábamos esperando la sentencia en el juicio del 2009 por la represión en Santa Fe en la década del '70, yo les contaba a mis compañeros de trabajo, apasionado como siempre, mi función como testigo de la acusación contra los represores. Había declarado el lunes 2 de noviembre de ese año y para mediados de diciembre (finalmente se sentenció el 19/12) se esperaba conocer lo dictaminado por el Tribunal Oral Federal. Mi hermana, víctima de secuestro, torturas físicas y psicológicas y detención ilegal, había declarado antes que yo. 

Estando en esa espera de la sentencia me sorprendió muchísimo el comentario de una conocida, de las más progresistas paradójicamente: "Ojalá obtengan lo que esperan", me dijo. Sentí como un baldazo de agua fría. Sentí lejanía, distanciamiento, no pertenencia. ¿Se puede sentir a los Derechos Humanos como algo ajeno?, me preguntaba retóricamente. ¿Pensarán que están a salvo de ser víctimas de violaciones a los Derechos Humanos? ¿Qué parte de "humanos" les es ajena? 

Peor aún, poco después me preguntó si era cierto lo que le habían comentado, que detrás del proceso judicial había un interés económico. Aberrante, encima, me imagino quién le pudo decir semejante cosa. Yo le contesté la simple verdad (todo lo que hago, lo que digo y lo que entiendo es simple): Yo lo hacía por verdad y justicia. Así fue mi juramento: Cuando el juez me ofreció antes de mi testimonio, jurar por la biblia, la constitución o la patria yo le dije que no, que quería jurar por la verdad y la justicia porque por eso estaba yo allí. En fin, ahí se empezaba a explicar la frase del segundo párrafo: "Espero que obtengan lo que están buscando". La verdad, más tarde o más temprano encuentra su camino hacia la superficie.

No mucho tiempo después, porque la duda le siguió dando vueltas, amplié un poco más el concepto: Imaginate que a tus hijos o los de tu amiga se les da por militar (aunque lo veo difícil porque las tradiciones familiares de ambas pasan más por el individualismo), por pensar diferente, yo lo que quiero es que puedan hacerlo sin que un gorila, un milico, un policía o un facho cualquiera crea que puede eso es razón suficiente ponerles una picana, una bala o la verga encima sin que luego nadie pueda decirle nada, como pasó tantas veces en nuestro país, en latinoamérica o en cualquier parte del mundo.

Porque aquí surge lo más importante de los derechos humanos: Que son para todos ... los humanos. En nuestros días muchos piensan que son para los delincuentes, procesados o no. Ahí está la trampa, en el prejuicio. No, gil, a vos también te puede pasar, milites o pienses o nada de nada. Basta que tu imagen encuadre en el prejuicio de un policía o sus intereses pasen cerca de los tuyos. Leí hace mucho tiempo que luego de ganar el campeonato del mundo de ajedrez, Bobby Fischer, que se había opacado voluntariamente ante el escrutinio de los medios fue detenido y torturado porque algún uniformado del sur de los EEUU lo vió parecido a un ladrón de bancos. Ahí empezó a entender algo que hasta el momento creía que le era ajeno y tal vez explique su exilio voluntario en Islandia.

 En 1955 hubo atentados contra el gobierno popular, incluyendo un cruento bombardeo de la Plaza de Mayo por parte de aviones de la Marina Argentina en donde murieron cientos de ciudadanos, poco antes de que las fuerzas armadas, por mandato de la minoría oligárquica usurpara el poder. El año siguiente, la dictadura militar, fusiló a decenas de militares y simpatizantes peronistas que planeaban sublevarse para devolver el poder al pueblo. que había usurpado el poder. En 1962 el militante peronista Felipe Vallese fue desaparecido por los mismos intereses antipopulares, encarnados esta vez en uniformados de la policía. En 1972 asesinaron a 16 presos políticos en Trelew. Ninguno de estos hechos (como otros que en este momento de escribir se escabullieron de mi memoria) fueron castigados, ni siquiera mediante condena social. Eso explica en gran parte la sensación de impunidad y lo aberrante de las acciones de 1975 a 1983, iniciadas por la AAA y continuadas por la dictadura cívico - militar - eclesiástica.

Los derechos humanos no nos pertenecen a las víctimas de la represión de los '70, nos pertenecen a todos. Hay que marchar, hay que militarlos, hay que conocerlos, difundirlos y exigirlos. Van mucho más allá de vetar la tortura (aunque sería un buen comienzo). Hoy Argentina es ejemplo de justicia y me atrevo a decir que NUNCA un país, por sí sólo, pudo castigar a los esbirros del orden oligárquico. Y si me equivoco les ruego que me lo hagan notar. 

Siento optimismo de que no van a volver a repetirse en Argentina tales atrocidades y es, justamente, por estos juicios, su difusión, la palabra certera de las víctimas, el minucioso recuento, la exhumación de cuerpos, la exposición de los reos y sus prácticas aberrantes en toda su contumacia, las reiteradas exhumaciones de huesos de personas alegadamente "fugadas" y los tantos hijos robados y ahora recuperados. La exposición indubitable de un sistema horroroso y voluntariamente aterrorizante y su sanción legal y social. La verdad y la justicia, en suma. Esos son nuestros intereses, para que no se vuelva a producir.







Esteban Cámara
Santa Fe, 4 de setiembre de 2012

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