jueves, 20 de junio de 2013

El efecto "Las Coloradas"

15/05/2013. Llego desde Bayamo  a las 12.25 hs a la terminal de Niquero en el tercer camión (había salido a las 7.45 y habìa tomado uno para llegar a Manzanillo, otro desde allì a MediaLuna y el ùltimo hasta Niquero) y me anoticio de que la guagua para las coloradas salió a las 12 (7-12-17 hs). Si el anterior camión no nos hubiera fallado (nos dejó en Medialuna, no en Niquero, el traidor) hubiera llegado a tiempo.  Me doy cuenta de que va a ser casi imposible llegar hasta la Playa Las Coloradas. 
Hago una caminata por el pueblo buscando taxi y, al querer sacar una foto, descubro que me olvidé la memoria de la cámara en la notebook, pero tengo el bolso de la misma y allí hay otras tres memorias, una de ellas de 8 gb. La coloco y sigo sacando fotos de Niquero. 
Pintoresca casa en Niquero. Foto: Esteban Cámara
Veo una ‘chopi’ (tienda, 'shopping') en un hotel grande y entro a comprar agua, creo que consigo soda de 1.5 lt. Hay dos empleados, uno de mediana edad y una joven y robusta mulata. El hombre me pregunta qué pienso de Cuba, supongo que esperando que hable mal. Le digo que me gusta y por qué. Se queda un poco cortado y le voy explicando lo de los niños cuidados, que no andan mendigando, bien vestidos y alimentados, de la salud, la educación y la seguridad. Empieza a asentir conmigo, se pone contento y se revela como gran defensor de su patria. Me preguntan si paro allí y les cuento mi drama: Hice seis horas de viaje desde Bayamo y no puedo llegar hasta Las Coloradas. La niña se ofrece a buscarme taxi, sale casi corriendo hacia afuera. No consigue, va de aquí para allá, afanosa. Este tipo de cosas sólo ocurren en Cuba, les aseguro. Luego de mucho esfuerzo de mi entusiasta y espontánea aliada viene un Lada verde con un chofer adolescente y pactamos el precio, sin espera, sólo llevar, esperar para sacar un par de fotos y traer: 14 cuc. La joven, radiante de haber ayudado, me saluda desde la puerta de la chopi. Este es el pueblo de Cuba.

Hotel Niquero. Abajo, en la esquina, la chopi de la morocha atenta. Foto Esteban Cámara

En la ruta el chofer, ‘Oscarito’, se presenta y se dice ferozmente apolítico, pone distancia, cortante ('ni de Obama ni de Fidel'). Al manejar se muestra sumamente prudente con los ciclistas y eso me llama la atención. Frena por completo si va uno en la ruta y con su mismo sentido y por el otro carril viene otro vehículo, cualquiera sea. Me llama la atención. Claro, son las leyes del tráfico, respetadas a rajatabla. Eso es lo que sorprende, como antes en el chofer de Santa Clara que nos llevó a Cayo las Brujas, el respeto riguroso, a consciencia. Pasamos por Belic y llegamos a la playa Las Coloradas, una playita angosta. 
Entre Belic y Las Coloradas, el mar caribe se acerca a la ruta. Foto: Esteban Cámara
No llevé short de baño pero de la alegría me meto con medias y todo. Mi alegría me sorprende, me embosca, me ahoga, me salva y me envuelve con su infinita ternura: Allí desembarcaron hace más de 56 años, un dos de diciembre, Fidel, 80 revolucionarios y un ser tan puro, tan de pura luz que les dio miedo a los falsos dioses y sus esbirros. Oscarito me saca fotos, se ríe de mi alegría de niño de 52 años. ¡LLEGUÉ!, como hace años a La Sagrada Familia, aunque esta vez no lloro. 
EC en playa Las Coloradas. Foto: Oscarito
Pasando esa punta del final, hacia el Este, fue el desembarco. Foto: Esteban Cámara
Vuelvo a subir al auto con las medias y el pantalón de rugby de gabardina mojado. Oscarito, que se había manifiestado  apolítico, decide llevarme al lugar exacto del desembarco, donde hay un museo y está la réplica del Granma. Por su cuenta, sin que se lo pida. Saco más fotos. Hoy es otro día glorioso. Oscarito parece un poco menos apolítico a cada momento: Mi alegría es tan invasiva que creo que lo contagió a este cuasi niño, chofer y mecánico, de overall manchado.
Réplica del Granma en Playa Las Coloradas, en el lugar por el que subieron  a la sierra Fidel y  los demás. Foto: Esteban Cámara
Volvemos a Niquero y Oscarito, comedido, trata de conseguirme pasaje en un Transtur que ve llegar de Santiago para Bayamo. No lo logra, doy fe que lo intentó. Nos saludamos y le pago agregando una pequeña propina. Me pide que cuando vuelva lo busque, se lo ve feliz, contagiado de mi ánimo nostálgico y alegre, de revolucionario. A veces basta una pequeña chispa para el contagio y que salga a flote lo mejor de la gente.



Esteban Cámara
Bayamo, Granma, mayo de 2013

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