domingo, 14 de julio de 2013

La posta sobre los opositores

Esto no es una chicana, lo digo en serio. Estoy convencido de ello.

No me caben dudas. Después de mucho pensarlo no me cabe la menor duda. El 98.5% de los opositores (por lo menos), añora el menemismo. Y te das cuenta por las críticas que hacen al gobierno actual. Añoran las épocas en donde la gente no se peleaba por política porque estaba tratando de conseguir el trabajo que había perdido y de que sus hijos, y él, no se murieran de hambre. Encima, podían (potencial) comprar todos los dólares que quisieran (aún cuando no pudieran, realmente) y no había restricciones para conseguir artículos importados (claro, ninguno de ellos va a decir que no le alcanzaba). El país estaba firmemente insertado en el mundo, como miembro pleno, en un todo de acuerdo con los dueños del mundo, como EEUU. Perdón, la sintaxis correcta debió ser: añoran cuando el dueño del mundo (EEUU) tenía plenamente insertado su miembro, firme, en el país. 

Los poderosos del mundo nos alababan, durante el menemismo. Elogiaban nuestra apertura económica y la convertibilidad, mientras nos endeudábamos con ellos y nos vendían hasta los escarbadientes necesarios para sacarnos los restos de comida chatarra de sus cadenas de fast food. Añoran eso con locura.

Ninguno de los opositores lo va a reconocer, o casi ninguno. Porque lo que ellos quieren ahora es un menemismo sin menem. Sin un caudillo provinciano, negrito, mersa y patilludo. Cierta vieja ojerosa de doble apellido lo llamó "el último de los caudillos plebeyos", corriéndose sigilosamente a la vereda noble ... ¡piedra libre para la vieja! Hablaba mal inglés, el riojano, y comía pizza con champan, dicen. Y se robaba todo. Eso es lo que no le perdonan. Yo lo digo de haberlos escuchado tanto. Ésas son las críticas que le hacen. No le critican nunca hundir al país, no le censuran haber regalado el escaso aparato productivo que no pudo destruir. No le reprochan haber dejado en la calle a millones de trabajadores. Deshonesto, negro y mersa fue su crimen, dice el verdulero a coro con el taxista, la maestra y la vendedora de bijouterie (el terrateniente, el gerente de multinacional, el médico rico, sonríen complacidos de ver cómo sus inferiores se aprendieron la lección).  

No, ellos quieren un neoliberal que sea una especie de lord inglés, atildado y que no robe. Que destruya todo lo que quiera, pero que tenga buena dicción del inglés. Si es alto, rubio y de ojos celestes, mejor. Y que vista bien y no se trague las eses y sepa elegir comida y bebida como los ricos. Ahora me doy cuenta de que se comportan como adolescentes que están eligiendo al príncipe azul. Y, por sobre todas las cosas, que no se pelee con los yanquis ni con la oligarquía local, que los deje esclavizarnos todo lo que quieran. Pero sin discusiones políticas. Que permita que se compre dólares libremente, no importa que los que puedan hacerlo sean el 5% de nosotros. Eso es lo que ellos consideran libertad: La facultad de las minorías de hacer lo que quieran sin preocuparse por las mayorías. Ésa es precisamente la definición liberal de la libertad ("es Mi libertad, no 'nuestra' libertad, ¡estúpido!").

Desgraciadamente para ellos, Macri no es. No es la esperanza del neoliberalismo blanco. Es demasiado bobalicón hasta para ellos. No puede articular un pensamiento. Claro, esto es difícil cuando no se piensa. Necesita de alguien que le sople en la oreja lo que debe decir y esto es demasiado evidente hasta para los pequeñoburguesitos. Si Macri pensara podría ser el Capriles argentino que tanto andan buscando. Pero es imposible hacer pensar a una acelga. Mucho más a un Mauricio Macri. Macri cuando habla lo único que hace es entonar el credo liberal que se aprendió de memoria. Y hasta desentona, por conocida que sea la melodía.

No quiero avivar giles, pero sería bueno para ellos que se dieran cuenta. Tal vez eso es lo que les falta para aglutinarse y sumar mucho de ese 46% que anda disperso a razón de entre uno y diez puntos por barba. Deberían reconocerse como partidarios de un neoliberalismo sin menem y ponerse de acuerdo sobre ese ideario que, me atrevo a sugerir, sería más o menos así:
  • Libre convertibilidad de divisas.
  • Honestidad honestista.
  • El champan es para comidas gourmet, no para las pizzas.
  • Nada de patillas ni ninguna otra pilosidad facial a excepción de las cejas (por eso a Macri le hicieron cortar el bigote, ¿vieron?, ustedes que no me creen...).
  • Bajos aranceles de importación.
  • Privatizaciones.
  • Endeudamiento a full.
  • Inglés avanzado (en lo posible de escuela bilingüe desde salita rosa: "Ai hab a frog ju's neim is pepe...").
  • Nada de peleas políticas, todo se resuelve en el Club House.
  • Nada de asistencia a los pobres, a la vagancia, ni planes descansar (en realidad los planes "descansar", perdón, trabajar, fueron un invento del patilludo, pero shshshhshsh, ¡que no se aviven!).
  • Bajar al mínimo el impuesto a las ganancias y subir el tope de manera tal que sólo pueda alcanzar a aquellos multimillonarios que puedan radicar sus empresas en paraísos fiscales.
  • Tez blanca, de mínima. Si es posible rubio (aunque sea teñido) y ojos azules.
  • El menor antecedente peronista posible.
  • Dólar barato (yo sé que ahora están pidiendo que suba el dólar, pero eso, créanme, es sólo para joder, para molestar al gobierno).

Espero no haber cometido una equivocación estratégica.

Hasta la vista, beibi.



Esteban Cámara

1 comentario:

  1. Juro que me dí cuenta después de publicarlo: ¡Es como si hubiera diseñado a Sergio Massa! La próxima invento el agujero del poncho...

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