viernes, 22 de marzo de 2013

Parque Chas con Kurt

"Tomate el subte B hasta avenida de los Incas, final del recorrido
y ahì nomás está el barrio" me escribió Eduardo. Yo le había consultado por lugares a visitar para mi viaje a Buenos Aires de 
fines de marzo. Yo hace unos meses le había mandado un artículo sobre Parque Chas, el que para mí era mítico por el libro del negro Dolina. Barrio enrrevesado, de cortadas e intersecciones tramposas, diagonales y misterio, con el Ángel Gris que complicaba todo. Resultó que existía. En su respuesta, Eduardo me contó una anécdota, el había estado recientemente y confirmaba el carácter complicado del diseño barrial: "...estaba  por cruzar una callecita y frena un Falcon Rural cargado de muebles con el tipo totalmente desencajado me pregunta: no sabe donde mierda está la calle ... (no recuerdo), tengo que entregar un mueble, hace 45 minutos que estoy dando vueltas, le pregunté a 10 tipos y ni siquiera puedo salir de este puto barrio. Con calma agarramos mi planito y descubrió que la calle estaba al otro lado de una avenida. recontraagradecido por la precisiòn del dato saludó y siguió. Habrán pasado 2 minutos y nos volvemos a encontrar en una esquina; volvió a mirar el mapa y siguió. Todavía lo ví 2 veces cruzar perpendicularmente otras calles, hasta que alguna fuerza centrífuga lo habrá sacado del misterioso barrio."

Bueno, la cuestión es que fuí, ya sacada la visa cubana y comprado los "neuros" que pude, tras pasar mucho calor y rebotes y con los pies ampollados. Ya antes de llegar al barrio hay como una premonición, calles que se cruzan sesgadamente e indicaciones voluntariosas a direcciones "izquierdas" que en realidad son "adelante". Ya muy cerca, resultó ser la entrada del barrio, pregunté en una verdulería y el hombre, muy amable, me indicó: "Cruce la calle y siga por esa callecita de ahí. Ahí empieza el lío." Era una broma para entendidos, se había dado cuenta de lo que estaba buscando. Yo le seguí el tren: Si no salgo en dos horas, avise a la policía, le dije. Nos reímos, crucé la avenida y entre por la callecita que, no podía ser de otra manera, apenas divergía de la avenida, en un ángulo muy, muy agudo.

Me puse los auriculares y puse la lista de rock internacional, comenzando por Nirvana: Nevermind.

La primera calle que cru se llama Treveris. Se me vinieron a la mente las legiones romanas y sus luchas con los germanos, Julio César, el hombre que pensó que bastaba que los idus llegaran y no los terminó. Los idus terminaron con él y el adivino tuvo razón.

Pensaba en las Legiones romanas que fueron completamente destruídas por los germanos. Creí ver una punta de una tela púrpura con unos picos paralelos, como la garra de un águila dorada pero cuando llegué a esa esquina no había nada. Claro, pensé, si germania si el bosque por Teutoburgo era como Parque Chas no sería nada raro el desastre romano.

Para esa altura un conejo blanco tramposo saltaba desde mis auriculares 'shuoni' (juá, que truchos!). Pero no sospechen de dimetilaminaciones raras o cosas por el estilo, mi estado se explicaba sólo por los emepe layer tres.

Seguía por Parque Chas como quien navega un mar apenas encrespado cuando se me unió Frank Zappa y las madres del invento. Sofá, Caminos del Inca (¡justo! ¡con todo lo que tenía que ver el paseo con la avenida de los ídem!)Gente en pijamas no ví, bah, casi no vi gente salvo un flaco narigón de enmarañado pelo negro que hablaba graciosamente en una esquina con un bigotudo de apariencia arábiga, con una carpetita de la que brotaban y brotaban  papeles garrapateados

Luego de un buen rato, ya distraído creo que con 'Andy', me para desesperado un tipo en una camioneta. Me pregunta por una calle, está desesperado, rojo, transpira. Parece 'demasiado' preocupado y la situación me recordó algo. Me acordé de la anécdota de Eduardo y no le dí mayor bola. No me presté a mostrarle el plano que había comprado hace poco. Trató de chantajearme emocianalmente, hasta una lágrima hizo rodar el forro. No le dí bola, el dije que no era de ahí que no sabía nada, que lo iba a desorientar más. El tipo suplicaba, mentaba a sus cinco hijos que se iban a quedar sin el alimento por estar perdido. Yo inmutable, ya sospechaba del engaño.

Al final me hice el que me alejaba y a los veinte metros me paré a espiar detrás de un árbol. El farsante se recompuso de golpe apenas me hube alejado y esbozó una sonrisa pícara. Subió a su camioneta y arrancó con un suave zumbido, parecía de motor eléctrico. No había caño de escape ni ningún humo de gasoil se veía saliendo por detrás del vehículo.

Unas cuadras más lo ví cruzar de nuevo por una bocacalle y, recién ahí, pude leer el letrero de su camioneta de falso mueblero: decìa Muebles y Antigüedades "El ángel gris".



  

Esteban Camara
Buenos Aires, 22 de marzo de 2013

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