jueves, 6 de diciembre de 2012

El efecto Streisand

Fotografías de la casa de Barbra Streisand

Allá por 2003 la actriz Barbra Streisand denunció a un fotógrafo y activista que había sacado unas fotos de la degradación de la costa en Malibú (entre las que se encontraba, entre otras fotos de mansiones, la de la casa de Barbra) exigiendo que retiraran una foto de su casa de la web pictopia.com. La actriz no sólo no consiguió que la demanda llegara a buen puerto sino que convirtió una denuncia ciudadana en un caso de ejemplo típico de censura o intento de ocultación en la web. Entonces nadie sabía cuál de todas las mansiones era la suya. Hoy, ante cualquier búsqueda de “casa de Barbra Streisand“, encontramos información a disposición de cualquiera.


A partir de allí se denominó efecto Streisand a este fenómeno de Internet en el que un intento de censura u ocultamiento de cierta información fracasa o es incluso contraproducente para el censor, ya que ésta acaba siendo ampliamente divulgada, recibiendo mayor publicidad de la que habría tenido si no se la hubiese pretendido acallar.


Otro ejemplo de este efecto fue el intento de prohibir la circulación por Internet de caricaturas de Mahoma generadas por una ignota (al menos para nosotros, los sureños del mundo) revista dinamarquesa. Recuerdo tales caricaturas, caricaturas que jamás hubiera conocido si no fuera por los intentos de censura.


Hace muy poco, los santafesinos nos enteramos del caso de un profesor de educación técnica de la ciudad de Rosario al que llamaron a la sede de la Regional del Ministerio de Educación provincial, y le pidieron que rectifique o ratifique una nota aparecida en un medio local de la mencionada ciudad. Fernando Pisani, tal el nombre del profesor y habitual columnista de aquel medio, ex funcionario del Ministerio de Educación había sido citado por un llamado telefónico a la escuela donde se desempeña para aquella reunión. Al llegar fue recibido por la Directora Provincial de Legal y Técnica, María Verónica Gañán, y la coordinadora pedagógica, Susana Copertari quienes luego del remanido recurso de pedirle ratificación, le hicieron firmar un acta de la reunión, en un claro intento de amedrentamiento. En la nota que originó todo el problema el profesor manifestaba alegaba contra "las medidas ministeriales de bajar la carga horaria de los talleres, la eliminación de las rotaciones, la reforma curricular" y, como consecuencia, "la incertidumbre en ciertos estudiantes y padres sobre la validez de los títulos técnicos". Como consecuencia de este burdo accionar, ligado a una reciente reacción histérica del gobierno provincial frente a una ingenua obra de teatro de una escuela del norte santafesino que criticaba a las personas obsesionadas con el consumo y la acumulación de divisas extranjeras, tomada como "adoctrinamiento" (¿?) por la entonces ministra del área, los santafesinos nos enteramos de la existencia de aquella nota y sus muy racionales acotaciones. A su vez, ambos hechos originaron la queja del sindicato de docentes AMSAFE, contribuyendo a magnificar la chapucería de los funcionarios provinciales. Menos de una semana después, la ministra Letizia Mengarelli presentó su renuncia, la que fue aceptada de inmediato a menos de un año de haber asumido. No quiero decir con esto que la causa del alejamiento haya sido, únicamente, el intento de censura, hubo declaraciones muy desafortunadas respecto de los docentes por parte de la funcionaria y, sobre todo, un conflicto por el tema de las escuelas técnicas bastante enconado, con tomas de escuelas y todo. 


El profesor Pisani, a su vez, estaba realmente sorprendido dado que había publicado regularmente sus opiniones y jamás había sido molestado por ello.

En mi caso, tambien fui objeto de una amenaza como intento de censura. Para los que no me conocen, yo tengo 29 años y medio de trabajar para la provincia, alternativamente en los Ministerios de Salud, Educación, Obras Públicas, Producción, Trabajo, Gobierno y Desarrollo Social (denominaciones actuales, algunos se llamaban distinto para la época en la que yo me desempeñaba). Fui trabajador-estudiante recibido de Bioquímico mientras trabajaba 7 horas diarias en un hospital, he hecho luego dos posgrados (Especialización) en el tema "gestión pública", he estado becado en Europa para estudiar Función Directiva Pública (INAP España-Ceddet, Madrid 2007) y he sido funcionario político provincial (Director Provincial de Farmacia y Bioquímica 2002-2003), entre otras cosas. O sea, no soy un pibito que lucha para ascender o que pueda ser amedrentado por los poderosos, no obstante lo cual, luego de trabajar un año en el ministerio de salud, recientemente, fui objeto de una amenaza por la funcionaria para la cual trabajara en tal ocasión a raíz de mis comentarios respecto de la actual gestión provincial. Aquella funcionaria se acercó a otro funcionario del mismo ministerio con quien me había visto reunido pocos días atrás (tal vez aquella reunión sacó a relucir algún temor de que salga a la luz una gestión por demás ineficiente dada su hipocresía, su torpeza y desconocimiento de gestión y sus burdos manejos de protección de amigos y familiares, casi lindantes con el sabotaje), funcionario que a la vez es colega del que suscribe para comentarle que yo posteaba en facebook cosas que no le gustaban y que, textual, "me estaba tirando contra la gestión" y que si seguía así "le voy a contar al ministro". Esto me fue referido porque el funcionario-colega le contó a otra colega nuestra, con el evidente propósito de que yo me entere y deje de publicar mis opiniones. No existe la menor posibilidad de que esto no sea cierto, es una verdad autocomprobable porque las personas intermediarias de la amenaza ni sabían que poseo facebook, ni qué posteo, ni tampoco que tengo como contacto de esa red social a la mencionada funcionaria. 

Es evidente que a estos funcionarios les molestan sobremanera las críticas, lo cual no está mal. No hay nada peor que aquellos a quienes todo les resbala. Pero su reacción a esa molestia es lo que está equivocado, debería en primer lugar analizar si la crítica es justa y si lo es arbitrar las medidas tendientes a corregir los errores. Si la crítica no es justa, deberían argumentar, publicamente (caramba, ¡tienen a su disposición a las empresas periodísticas más populares!), o incluso, llamar a los críticos para oponerles argumento, no para amedrentar o cohibir o, mucho menos, amenazar. Dentro de este contexto, tampoco sirve intentar perjudicar a los empleados críticos con chicanas administrativas como, por citar un ejemplo, demorar la firma de sus certificaciones de servicio, tal vez queriendo decir: "Si seguís opinando así no vas a cobrar".





Fuentes:
Wikipedia 
Blog Unadocenade  
La Capital



 
Esteban Cámara

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