jueves, 25 de octubre de 2012

Dos casas de Neruda

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto vivió en innumerables lugares, pero sólo tres de esas casas estaban replicadas en algún lugar de su corazón: "La Sebastiana", ubicada en lo alto del cerro Florida,  uno de los 42 cerros de Valparaíso, “Isla Negra”, en el Quisco y “La Chascona” de Santiago. 

Tuve la suerte de visitar las dos primeras en febrero de 2010 (dos semanas antes del terremoto).

La Sebastiana, Valparaíso

"Yo

construí la casa. 

La hice primero de aire. 

Luego subí en el aire la bandera 

y la dejé colgada 

del firmamento, de la estrella, de la claridad y de la oscuridad. 

Cemento, hierro, vidrio, 
eran la fábula, 
valían más que el trigo y como el oro, 
había que buscar y que vender, 
y así llegó un camión: 
bajaron sacos 
y más sacos, 
la torre se agarró a la tierra dura 
pero, no basta, dijo el constructor, 
falta cemento, vidrio, fierro, puertas-, 
y no dormí en la noche. 
Pero crecía, 
crecían las ventanas 
y con poco, 
con pegarle al papel y trabajar 
y arremeterle con rodilla y hombro 
iba a crecer hasta llegar a ser, 
hasta poder mirar por la ventana, 
y parecía que con tanto saco 
pudiera tener techo y subiría 
y se agarrara, al fin, de la bandera 
que aún colgaba del cielo sus colores. 
Me dediqué a las puertas más baratas, 
a las que habían muerto 
y habían sido echadas de sus casas, 
puertas sin muro, rotas, 
amontonadas en demoliciones, 
puertas ya sin memoria, 
sin recuerdo de llave, 
y yo dije: 'Venid 
a mi, puertas perdidas: 
os daré casa y muro y mano que golpea, 
oscilaréis de nuevo abriendo el alma, 
custodiaréis el sueño de Matilde 
con vuestras alas que volaron tanto.'
Entonces la pintura 
llegó también lamiendo las paredes, 
las vistió de celeste y de rosado 
para que se pusieran a bailar. 
Así la torre baila, 
cantan las escaleras y las puertas, 
sube la casa hasta tocar el mástil, 
pero falta dinero: 
faltan clavos, 
faltan aldabas, cerraduras, mármol. 
Sin embargo, la casa 
sigue subiendo 
y algo pasa, un latido 
circula en sus arterias: 
es tal vez un serrucho que navega 
como un pez en el agua de los sueños 
o un martillo que pica 
como alevoso cóndor carpintero 
las tablas del pinar que pisaremos. 
Algo pasa y la vida continúa. 
La casa crece y habla, 
se sostiene en sus pies, 
tiene ropa colgada en un andamio, 
y como por el mar la primavera 
nadando como náyade marina 
besa la arena de Valparaíso, 
ya no pensemos más: ésta es la casa: 
ya todo lo que falta será azul, 
lo que ya necesita es florecer. 
Y eso es trabajo de la primavera."


Pablo Neruda – "A La Sebastiana"

Para nuestra fortuna, la administración de la casa-museo dispuso una copia del manuscrito original de este poema sobre el escritorio de Neruda en el cuarto piso de la casa, con correcciones y tachaduras del propio autor y algunos versos abandonados. Es sólo un papel, una copia, pero pulsátil de vida y magia.

Valparaíso (se abrevia, cariñosamente, Valpo y a sus habitantes se les dice 'porteños') es una ciudad de 300.000 habitantes, el primer núcleo urbano colonial en Chile, nunca expresamente fundado. Fue durante siglos el puerto más importante de ese país y aquel por el cual llegaron y salieron las mercaderías desde y hacia la zona central y capitalina. Se caracteriza por casas de pescadores, mayormente humildes y abigarradas, multicolores, que miran al mar como desde un colosal anfiteatro y en las noches enmarcan con millones de puntitos de luz a la zona céntrica (llamada downtown en inglés o "el plan", como dicen los chilenos). 

Vista del Puerto de Valparaíso hacia el norte, desde el cerro Artillería. Foto EC
Contrasta marcadamente con la cosmopolita Santiago (5 millones de habitantes, distante 140 km hacia el oeste, hacia la cordillera), donde el ritmo de vida es acelerado, urbano y comercial, con pretenciones (pos)modernistas.

Es innegable que la historia contemporánea de Valparaíso esta íntimamente ligada a la figura del poeta Pablo Neruda y viceversa. Fue en esta ciudad con ojos al océano Pacífico que el escritor, cansado del bullicio de Santiago, encontró una casa en obra gruesa ubicada en el cerro Florida con una infinita vista al mar, donde pensó que podría "vivir y escribir tranquilo".

"Siento el cansancio de Santiago, quiero hallar en Valparaíso una casa para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica, lejos de todo. Pero con comercio cerca. Además, tiene que ser muy barata. ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?" Carta de Neruda a su amiga y poeta Sara Vial.

La Sebastiana desde el flanco norte, Foto EC

Sueño de poeta, sueño posible: La casa apareció. Neruda la llamó 'La Sebastiana' en honor a su constructor, Sebastián Collado: un español que, luego de buscar un lugar desde donde pudiera abarcar todo Valparaíso con la mirada, comenzó a edificar esta casa con la intención de vivir en ella cuando sus hijos se casaran. Sebastián falleció. El destino y la búsqueda de Sara Vial – poeta y amiga de Neruda – complotaron para que su próximo dueño fuera el poeta chileno, quien decidió ponerle ese nombre aduciendo que "si bien don Sebastián no hacía versos, era un poeta de la construcción".


El 18 de septiembre de 1961 Neruda la inauguró e invitó a sus amigos a festejar. Desde entonces la habitó por períodos, en especial en la noche de Año Nuevo. 

En un principio, Neruda adquirió los últimos pisos, mientras los dos primeros los adquirió un matrimonio amigo de los Neruda, Francisco Velasco y María Martner. Esta artista original realizó la magnífica chimenea de piedras de Isla Negra. 

El poeta decía que había salido perdiendo: "... me han tocado puras escaleras". Pero no era así: la vista de los pisos superior del mar, la ciudad, y su puerto es portentosa e inspiradora y sin duda influyó positiva y mágicamente en su obra. 

Vista de Valpo desde el comedor de La Sebastiana. Foto EC.
Imagino que más de una vez, el poeta (comunista militante) habrá ascendido hasta La Sebastiana, encaramada al empinado cerro, en el hoy inactivo ascensor "Las monjas". La ciudad cuenta con otros 14 ascensores que auxilian a la gente del rigor de la gravedad. Una frase porteña dice “Cuanto más arriba vives más pobre eres”.

Con la muerte de Neruda, la casa quedó deshabitada por mucho tiempo, pero gracias a la Fundación Pablo Neruda y a la ayuda de Telefónica de España se logró reconstruir la legendaria casa del poeta. Se buscó con exactitud el color de cada pared, la ubicación de los cuadros y objetos de Pablo intentando encontrar el modo y la forma en que sólo Neruda sabía distribuirlos.

Al ingresar a La Sebastiana se logra percibir que no es una casa cualquiera. Cada sala fue pensada y decorada con una intencionalidad que la distingue de otras. La ornamentación, exótica y ecléctica, de marcado gusto por lo oriental y por lo "afro" (continente que el poeta nunca visitó pero por el que sentía una atracción innegable) forma parte de un aguerrido y vital "collage" que la hace única e irrepetible, como lo fue Neruda. 

Fotos tomadas de internet.

En el primer piso, por ejemplo, se observa un caballo de madera traído desde París y una colección de botellas de colores de diferentes formas. En el segundo piso se encuentra el bar, detrás del cual sólo Neruda podía pasar para preparar los tragos a sus amigos, en especial el trago "Coquetelón", una mezcla de cognac, cointreau, jugo de naranja y mucho champagne Cordon Rouge Mumm, de su invención, que estaba presente en todos sus festejos. 

En el cuarto piso se encuentra la que fuera la habitación-estudio del escritor. Junto a la cama de bronce, Neruda instaló veladores y una cómoda de barco. " Navegante de boca" decía ser, porque prefería mirar el mar desde tierra firme a navegar en el océano. Desde allí se logra obtener una impresionante vista panorámica de todo Valparaíso (foto). 

Vista de Valparaíso hacia el oeste, desde el dormitorio-estudio de Neruda. Foto EC
No se puede acceder a la cocina, por ejemplo, manteniendo la prohibición original de Neruda quien decía que el que entraba a una cocina y no lo hacía para trabajar, lo hacía para ... joder (con otro término seguramente). El hizo separar el baño en múltiples estancias, quejoso de los interminables tiempos de Matilde en el aseo.

De visita por Valparaíso, es IMPRESCINDIBLE conocer la casa-museo La Sebastiana, un lugar donde los versos de Neruda parecen grabados a fuego en las paredes, eternos, y la vista naufraga en un azul e infinito horizonte que se adueña de nuestro espíritu desde cada ventana.

Isla Negra, El Quisco (75 km al sur de Valpo)

Una casa-barco en la imaginación de su capitán y dueño. Un barco con cimientos en la tierra. Una “isla” que no es tal, apenas un balcón de cara a la enormidad: “El océano Pacífico se salía del mapa. No había dónde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana”, Pablo Neruda.

La propiedad fue adquirida a un navegante español en 1938 y bautizada impropiamente "Isla" por el propio Neruda, por el roquerío oscuro batido por la espuma del océano. El lugar se llamaba originalmente Las Gaviotas. El poeta lo rebautizó como Isla Negra por el color de sus roqueríos y quizás porque ahí podía aislarse para escribir. Al regresar de Europa a Chile, en 1937, buscaba un lugar para dedicarse a su Canto General, un gran libro sobre la historia y la naturaleza americana. “La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto”- anotó en sus memorias.

El mar me pareció mas limpio que la tierra por eso me vine a vivir en la costa de mi patria entre las grandes espumas de Isla Negra”.


Ala sur de la casa de Isla Negra (2010). Foto EC.

Neruda ubicó a sus espaldas en la sala un mascarón de popa de madera con la imagen del pirata Henry Morgan. Allí almorzaba y cenaba, de frente a la puerta y a otro de sus 15 mascarones de proa el “capitán” de esa casa-barco anclada perennemente proa al Pacífico.


Él (“marinero de boca, soy”) nunca olvidaba saludar con la campana de su patio el paso de ningún navío por el mar visible. “Una cortesía que se estila entre capitanes”, aclaraba. Cortesía invariablemente respondida, de ser posible, por los capitanes de la mar.



Un barco de madera (foto) descansa sobre el patio de esta casa. En él solía sentarse el poeta a tomar generosos aperitivos con sus amigos: “Es posible marearse tan bien como en el mar, pero sin sus riesgos”, decía.


La proa de la nave de los aperitivos hacia el pacífico, obviamente. Foto EC.
Muchos tragos, mucha vida. Una enorme colección de extrañas botellas en una casa con un importante bar. Obras de arte de todo el mundo y artículos de cabalgar mapuches.


De http://www.fundacionneruda.org/es/isla-negra/historia

Foto del bar de la casa, tomada desde la ventana oeste. Foto EC.
En el jardín se encuentran enterrados Pablo y Matilde, a pedido de ellos. Sobrecogedor descubrimiento que nos hace caminar lenta, gravemente, alrededor. Neruda quería estar para la eternidad de frente a ese poderoso Pacifico. Y, supongo, habrá querido “sentir” (¡ojalá fuera!) los pasos de los visitantes, alucinados como yo, espero. No pongo una imagen, tal vez por respeto y misterio.


La rosa de los vientos que corona la estructura original, de piedra, es un pez. Adentro, en el bar, una escultura parece replicarla (foto).

Triste y final, no solitario

El 11 de marzo de 1973 fue ametrallado su amigo y presidente socialista de Chile, Salvador Allende, en su despacho del Palacio de la Moneda, Santiago de Chile. Tres años antes Neruda había renunciado a su candidatura para permitir la de Allende, luego victoriosa. El programa socialista que llevó adelante éste, lo hizo sin violencia. tratando de consensuar. Muchos piensan que fue su error.
En El funeral vigilado, Aída Figueroa señala que días después del 11 se produjo el allanamiento de la casa de Isla Negra. Los soldados registraron todo y hasta escarbaron en el jardín en busca de armas. “Pablo estaba mirando todo eso por la ventana y para él, según Matilde, fue especialmente terrible. Era la agresión a su casa, la impresión física de los soldados entrando por todas partes, la visión de la brutalidad absoluta.” 

Finalmente, el 23 de septiembre, Pablo Neruda muere en una clínica de la capital, victima de un cáncer. Según sus conocidos antes de morir repitió dos veces: “¡Los están fusilando, los están fusilando!”. (Wikipedia). ¿Sabría de las atrocidades del estadio Nacional?

Luego, sus casas en Santiago y Valparaíso fueron saqueadas, sus libros incendiados. Los bandidos no robaron nada, el propósito del asalto fue sólo la destrucción vandálica. 

En el funeral en Santiago, en el Cementerio General, los dolientes fueron rodeados de soldados con ametralladoras. No obstante, se escucharon desafiantes gritos de homenaje a él y a Salvador Allende, junto a la entonación de La Internacional.

Recién el 11 de diciembre de 1992, tras un velatorio ceremonial, los restos de Neruda y Matilde Urrutia fueron dispuestos en su casa de Isla Negra.

Me faltó conocer "La Chascona" (llamada así por Neruda en honor a la gracia de Matilde). Razón de más para volver a Chile.







Basado en datos de mi propia visita a Valparaíso, realizada entre el 10 y el 13 de febrero de 2010. y en investigación en internet: Wikipedia, artículo de Marcelo Sola
(http://www.welcomechile.com/valparaiso/casa-museo-pablo-neruda.html, etc. 



Por Esteban Cámara

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