sábado, 15 de septiembre de 2012

Reivindicando a Maquiavelo

Niccoló di Bernardo dei Macchiavelli nació un 3 de mayo de 1469 en San Casciano in Val di Pesa, muy cerca de Florencia es considerado el primer Politólogo racionalista. Su experiencia personal como funcionario y diplomático, más el ahínco en el estudio de los procesos políticos de la historia le dieron un amplio basamento para sus teorías, formuladas sencillamente pero con una carnadura teórica muy potente.

Hoy, anatematizado, su recuerdo se confunde con una leyenda con la cual iglesia católica ha pretendido ensuciar su doctrina, seguramente molesta porque Maquiavelo ignoró la doctrina del origen "divino" del poder y derrumbó la politología idealista de Platón.

"El fin justifica los medios"

Esta idea no existe en la obra de Maquiavelo y, siendo bien pensados (cosa que me cuesta), se podría decir que es una lectura metafórica (bastante) de sus postulados.

El gatopardismo 

Se denomina gatopardismo al concepto "Algo debe cambiar para que todo siga igual". Esto tampoco puede atribuirse a Maquiavelo, aunque a diferencia del malentendido anterior, ni siquiera se podría considerar como una noción metafórica. 


La dinámica del cambio. 
 

Dice en el capítulo VI de El Príncipe - DE LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE ADQUIEREN CON LAS ARMAS PROPIAS Y EL TALENTO PERSONAL, página 16: "... no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas. O Tibieza en éstos, cuyo origen es, por un lado, el temor a los que tienen de su parte a la legislación antigua, y por otro, la incredulidad de los hombres, que nunca flan en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos. De donde resulta que, cada vez que los que son enemigos tienen oportunidad para atacar, lo hacen enérgicamente, y aquellos otros asumen la defensa con tibieza, de modo que se expone uno a caer con ellos. Por consiguiente, si se quiere analizar en esta parte, es preciso ver si esos innovadores lo son por sí mismos, o si dependen de otros; es decir, si necesitan recurrir a la súplica para realizar su obra, o si pueden imponerla por la fuerza. En el primer caso, fracasan siempre, y nada queda de sus intenciones, pero cuando sólo dependen de sí mismos y pueden actuar con la ayuda de la fuerza, entonces rara vez dejan de conseguir sus propósitos. De donde se explica que todos los profetas armados hayan triunfado, y fracasado todos los que no tenían armas. Hay que agregar, además, que los pueblos son tornadizos; y que, si es fácil convencerlos de algo, es difícil mantenerlos fieles a esa convicción, por lo cual conviene estar preparados de tal manera, que, cuando ya no crean, se les pueda hacer creer por la fuerza."

En los capítulos XII y XIII (op. cit.) enfoca su atenciòn sobre los ejércitos: Propios, Mercenarios o Auxiliares.

Respecto de los soldados mercenarios, analiza: "... el príncipe cuyo gobierno descanse en soldados mercenarios no estará nunca seguro ni tranquilo, porque están desunidos, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre los amigos, pero cobardes cuando se encuentran frente a los enemigos; porque no tienen disciplina, como tienen temor de Dios ni buena fe con los hombres; de modo que no se difiere la ruina sino mientras se difiere la ruptura; y ya durante la paz despojan a su príncipe tanto como los enemigos durante la guerra, pues no tienen otro amor ni otro motivo que los lleve a la batalla que la paga del príncipe, la cual, por otra parte, no es suficiente para que deseen morir por él. Quieren ser sus soldados mientras el príncipe no hace la guerra; pero en cuanto la guerra sobreviene, o huyen o piden la baja." (p. 33)


En cuanto a los ejércitos auxiliares: "Las tropas auxiliares, otras de las tropas inútiles de que he hablado, son aquellas que se piden a un príncipe poderoso para que nos socorra y defienda, tal como hizo en estos últimos tiempos el papa julio, cuando, a raíz del pobre papel que le tocó representar con sus tropas mercenarias en la empresa de Ferrara, tuvo que acudir a las auxiliares y convenir con Fernando, rey de España, que éste iría en su ayuda con sus ejércitos. Estas tropas pueden ser útiles y buenas para sus amos
pero para quien las llama son casi siempre funestas; pues si pierden, queda derrotado, y si gana, se convierte en su prisionero." (p.  38).


"En suma, en las tropas mercenarias hay que temer sobre todo las
derrotas; en las auxiliares, los triunfos. Por ello, todo príncipe prudente ha desechado estas tropas y se ha refugiado en las propias, y ha preferido perder con las suyas a vencer con las otras, considerando que no es victoria verdadera la que se obtiene con armas ajenas." (p. 38-39).

"Concluyo, pues, que sin milicias propias no hay principado seguro; más aún: está por completo en manos del azar, al carecer de medios de defensa contra la adversidad. Que fue siempre opinión y creencia de los hombres prudentes «quod nihil sit tam infirmum aut instabile, quam fama potentiae non sua vi nixa». Y milicias propias son las compuestas, o por súbditos, o por ciudadanos, o por servidores del príncipe." (p. 39).

La paradoja del delfín

Esto sigue ocurriendo casi sin fallas en la vida política moderna y ocurre tanto a nivel presidencial, como en los gobernadores estaduales y en los gobernantes del nivel local-municipal:

"De lo cual se infiere una regla general que rara vez o nunca falla: que el que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina. Porque es natural que el que se ha vuelto poderoso recele de la misma astucia o de la misma fuerza gracias a lo cual se lo ha ayudado." Cap. III (Op. cit.) "De los principados mixtos", p. 11.

Bueno, espero haber demostrado que, al contrario de un insulto, es un elogio que te digan Maquiavélico.






Esteban Cámara






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