miércoles, 26 de septiembre de 2012

Monumental Nino



Aquel hombre de pequeña estatura física, zaherido, perseguido, envejecido, abandonado, rengo, muere el 27 de abril de 1935 recién liberado de ocho años de cárcel en donde dejaron manifiestamente que su enfermedad (mal de Pott, una forma extrapulmonar de la tuberculosis), se agrave. Eran los tiempos del fascismo de Mussolini, que así se libraba de uno de sus más importantes enemigos ideológicos. 


Antonio Gramsci, el más importante filósofo marxista del siglo XX, había nacido en Cerdeña apenas 46 años antes en el seno de una familia extremadamente pobre cuyo padre estaba encarcelado por motivos económicos.

La importancia de "Nino" Gramsci es crucial en estos tiempos y se puede resumir en el concepto de Hegemonía, en el rechazo del quietismo de esperar el inevitable agotamiento del capitalismo y en la invitación para que cada uno ejerza como intelectual crítico. La primer revolución marxista se produjo precisamente en un entorno que violaba los postulados marxistas, en un país no industrializado y de los más atrasados de occidente. Este fenómeno alteró la concepción de muchos intelectuales respecto de las estrategias para el socialismo posible. Gramsci es fundamental porque re-piensa el socialismo desde un país desarrollado de occidente, metido de lleno en el siglo XX y con antecedentes (Gramsci e Italia) de praxis obrera revolucionaria.

En sus años de prisión y luego de años de lucha para que le permitan escribir, Nino escribe 32 cuadernos, en total más de 2800 páginas de pensamientos desordenados y brillantes.





Sobre la Hegemonía


Ciertas ideas de izquierda le atribuyen la causa de la dominación del modo de producción capitalista a sus aparatos represivos. Este es un punto central del error ideológico del foquismo, por ejemplo. También de cierta concepción hiper rígida estructuralista de la sociedad capitalista que postulaba que bastaba matar a un simple agente de policía para que el sistema se empezara a derrumbar, que, según yo recuerdo esgrimía algún grupo maoísta allá por los '70. 

Gramsci argumenta, con total y rotunda razón que si así fuera, el capitalismo sería mucho más fácil de vencer. En realidad, el principal sustento del capitalismo es la hegemonía cultural, el relato que el sistema implanta diariamente en los cerebros de niños, jóvenes y adultos. En esta construcción cultural es fundamental el rol de la iglesia, la escuela y los medios de comunicación. De la misma forma, al instaurar un sistema de predominio proletario, de ninguna manera se deben descuidar los resortes de producción de discurso cultural. También a la producción artística se debe interrogar en este sentido, agregaría yo si es que Gramsci no lo dijo. El rol propagandístico del cine, su construcción de imágenes y sentido, enemigos y amigos y "destinos manifiestos" por ejemplo, es crucial en la hegemonía cultural yanqui.

Por último, es fundamental en la Argentina de nuestros días, entender que la batalla cultural, la batalla por la asignación de sentido, por las voces y los posicionamientos, por los intereses y representaciones de los medios de comunicación audiovisuales y gráficos es la más importante. Para esto estamos esperando la plena vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Re-visionando a Marx y Lenin por la vía de Gramsci me atrevo a expresar que lo que hay que instituir no es una dictadura del proletariado, sino una democracia con hegemonía cultural proletaria, la única democracia posible con igualdad.

Tácticas

Gramsci, admirador como el que esto escribe de Maquiavelo, considera que el partido revolucionario debiera ser la encarnación de aquel "Principe" magistralmente esbozado por el genial florentino. Según el genial Nino (y aquí, literalmente, empiezo a gozar), Maquiavelo aparenta escribir para los ‘príncipes’, pero en realidad, a juicio de Gramsci, lo hace para educar a las masas populares, mostrarles la realidad de la política, cuya concepción queda despojada de su costado de supuesta realización de un ideal moral, para pasar a ser concebida como un proyecto de construcción de poder.

Maquiavelo escribió libros de “acción política inmediata”, no escribió una utopía en la que se contemplara un Estado ya constituido, con todas sus funciones y sus elementos conformados. En su tratamiento, en su crítica del presente, manifestó conceptos generales, que por lo tanto se presentan en forma aforística y no sistemática, y expresó una concepción del mundo original, que podría también ella llamarse ‘filosofía de la praxis’ o ‘neo-humanismo’ en cuanto que no reconoce elementos trascendentales o inmanentes ¨[...] sino que se basa toda ella en la acción concreta del hombre que por sus necesidades históricas actúa y transforma la realidad ¨[...] Maquiavelo lo reconduce todo a la política, o sea al arte de gobernar a los hombres, de obtener su consenso permanente, o sea de fundar “grandes estados. ..” Cuadernos de la cárcel II, p. 343 Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, en la edición castellana de Ediciones Era, México.

Tiene razón Gramsci en esto porque si, como dice en el prólogo de El príncipe, Maquiavelo le dedica la obra “Al Magnífico Lorenzo de Médicis” a modo de oferta de servicios, ¿Para qué publicar un libro?, con una carta hubiera bastado. La publicación implica un intento subyacente de comunicar sus ideas a todos, ya sean nobles o plebeyos.

El moderno Príncipe, el mito-Príncipe no puede ser una persona real, un individuo concreto; puede ser sólo un organismo, un elemento social en el cual ya tenga inicio el concretarse de una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ha sido ya dado por el desarrollo histórico y es el partido político, la forma moderna en que se resumen las voluntades colectivas parciales que tienden a convertirse en universales y totales..." Cuadernos II, p. 343 (Edición citada).





Hace poco publiqué en este blog una nota sobre Maquiavelo: Reivindicando a Maquiavelo, pueden verla a modo de ampliaciòn. 



En lo que hace específicamente al parlamentarismo demoliberal, Nino se vale de la caracterización que hace Rosa Luxemburgo de la Socialdemocracia alemana (Reforma y Revolución y otros escritos), para entender qué camino no tomar. Busca, a través de los Consejos de Fábrica (superador de la sumisión a la legalidad salarial de las comisiones internas fabriles, que no cuestionan el status quo) a quienes trata de convertir en protagonistas estratégicos del proceso revolucionario italiano, construir la autonomía, la iniciativa política independiente de los trabajadores. Los trabajadores, bajo una conducción socialdemócrata, reformista, quedarían subordinados al burocratismo y atrapados en un esquema demoliberal burgués.


Relacionado con lo anterior, Gramsci rechaza al sindicato en cuanto garante del orden patrón-empleado y reducido a la negociación de las condiciones de la venta de la fuerza de trabajo y, en tal sentido, participan y refuerzan las relaciones de fuerza del modo burgués.. 

Los obreros sienten que el complejo de “su” organización se ha convertido en un aparato tan enorme que ha terminado por obedecer a leyes propias, implícitas en su estructura y en su complicado funcionamiento, pero extrañas a la masa que conquistó conciencia de su misión histórica de clase revolucionaria. sienten que su voluntad de poder no logra expresarse, en un sentido neto y preciso”, Antonio Gramsci en “Sindicatos y Consejos” (l) L´Ordine Nuovo, 11 de octubre de 1919.

Gramsci y el "inevitable agotamiento del capitalismo"

 Gramsci ataca la pretensión de exponer cada fluctuación de la política y de la ideología como una expresión inmediata de la estructura. Considera que debe ser combatida teóricamente como un infantilismo primitivo, o en el terreno práctico con el testimonio auténtico de Marx. La tendencia general en Gramsci, tal como muestra esta definición, es claramente antideterminista y antieconomicista. No se trata para él de adoptar “posiciones correctas” frente a las variaciones de las “condiciones objetivas” sino de tomar la iniciativa política, de darle la “primacía” a ese plano de la praxis humana.





Conformarse con esperar la llegada de la inevitable debacle del capitalismo lleva a los movimientos revolucionarios al quietismo, a actuar como furgón de cola de los movimientos y partidos liberales o al más craso oposicionismo, al par de abandonar el análisis de la situación y el planteo y realización de estrategias y tácticas de acción.




Los intelectuales de clase: El saber y el sentir, unidos. 

Afirma Gramsci la necesidad de que todos los humanos seamos intelectuales críticos y que para entender una sociedad hay que conocer a fondo al menos sus últimos cien años de historia. Para Gramsci comprender es la resultante de “saber” sumada a “sentir”. No sirven los intelectuales que suelen "saber", pero no sentir y, encima, están separados de los otros, obreros y pueblo en general que “siente” pero no comprende. El objetivo es la constitución de una intelectualidad “orgánica” para aspirar a una transformación revolucionaria, a construir hegemonía que se exprese en una ‘reforma intelectual y moral’ y en la generación de una “voluntad colectiva nacional-popular”.




PS: Pido disculpas por la humorada de la etiqueta que usé, pero cuando etiqueto a algún artículo como "Filosofía" no lo lee nadie.





 
Fuentes: Rebelión, Wikipedia y otras.





Esteban Cámara

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