jueves, 30 de agosto de 2012

La ceremonia

Mi amor: el Club de fútbol Colón de Santa Fe, el sabalero, el rojinegro.

ADVERTENCIA: Esta nota contiene frases e imágenes que pueden herir 
la sensibilidad de personas con el pecho frío. Lea a su propio riesgo.

Fui por primera vez a la cancha de Colón, supongo que por 1966, llevado por mi viejo que sin embargo era de la "contra". Estuvimos en la platea en aquella, por lo que recuerdo, una luminosa siesta de invierno, solos él y yo. Sólo rescato en mi memoria un nombre escuchado aquella vez: Sanitá. Sanitá era un defensor rosarino que jugó en Colón en 1965 (salió campeón del ascenso) y 1966, al menos y llevaba la cinta en su brazo. Por ese entonces sólo la platea oeste era de cemento, tal vez el codo suroeste también. El resto de la cancha era de tablones.

Pero la locura empezó en 1973, cuando íbamos al codo suroeste todos los partidos, sin falta, desde los monoblocks de Parque Sur a 6 cuadras de la cancha. 

 Foto de 1976 de la tribuna norte, de tablones al parecer, antes de su reemplazo por la de cemento actual. Al fondo se ven los monoblocks en donde yo vivía. El de más a la izquierda, 8o. piso, departamento que da de lleno al estadio, mi habitación era la del lateral, como cayendo hacia la cancha. ¿Podía no ser sabalero, yo?

Ese codo era el espacio reservado a los socios y yo, con 12 años era socio cadete. Íbamos con mi hermano y otros 12-15 chicos más del barrio, incluidos los tatengues (Unión por ese entonces estaba desafiliado y jugaba en la liga santafesina). Llegábamos a eso de las 12, casi dos horas antes del comienzo del partido de reserva, el cemento estaba tibio aún en invierno y despedía un olor alcalino. Supongo que comíamos algún choripán de camino, no sé. De ahí me viene el apodo de "chupete" con el que todavía me recuerdan los chicos del barrio: Recuerdo haber agarrado con pasión una cerveza alguna siesta de verano. Jodíamos entre nosotros todo lo que podíamos y engañábamos al aburrimiento pre-partido. No puedo creer que ese codo suroeste,  ese pequeño cuarto de círculo que ahora parece tan chiquito nos haya cobijado a todos durante tantos años.

Foto de las plateas y sector de la prensa del estadio en 1968, partido con River. Al fondo lo que creo es el codo suroeste

El cementerio de los elefantes 

El nombre de fantasía del estadio es "Cementerio de los elefantes", porque allí Colón suele ganarle a los grandes: Al Peñarol de Montevideo, primer campeón de la libertadores, al famoso Santos de Pelé (2-1 en 1964), a la selección argentina. Luego vinieron otros: Parece que los humildes jugadores santafesinos se henchían de coraje precisamente contra los más grandes y rendían por encima de sus capacidades. Por aquellos años, un periodista santafesino (Ángel José Gutiérrez) acuñó ese nombre, inspirado en el descubrimiento reciente de las costumbres de los elefantes africanos de recordar a sus congéneres muertos. 

 Pelé parece ser arrastrado luego de la derrota 2 a 1 del Santos en Santa Fe. Había empezado ganando con un gol suyo en el primer tiempo, pero a los 6 del complemento López y a los 42 Demetrio Gómez nos dieron el triunfo.

Identidad

A los de Colón nos dicen "sabaleros", una forma despectiva de decir "humildes". El sábalo es un pez de la zona, se pesca con red mediomundo porque anda chupando barro y filtrando de él moluscos y otros nutrientes. Es una comida barata y frecuentemente accesible para las clases populares. 

También nos dicen "los negros", otra expresión despreciativa. Así se les llama a los originarios y criollos en Argentina, término que delata el carácter racista de la sociedad santafesina.

Tambien se nos refiere como "la raza puta" que deriva del insulto de los genocidas y violadores europeos a los pueblos originarios vencidos militarmente.


De todos esos pretendidos insultos nos hemos apropiado: Son parte de nuestra identidad de pueblo humilde y con orgullosa raigambre y pertenencia a la tierra americana. Generalmente el hincha de Colón es el más morocho, el más humilde, el proletario. La pasión por Colón predomina en los barrios obreros pero tambien en la gente rica. Son los grupos más antiguos. Es en la clase media, en los llegados más recientemente, en donde puede llegar a equipararse con el otro equipo local, en los comerciantes del centro y en los gringos del interior migrados en las últimas décadas.


La mano de Evita

Gracias a nuestra añoradísima abanderada y defensora de los humildes, en 1948 Colón pudo entrar a los torneos de AFA, incluso parece que consiguió ayuda para el primer estadio. Tan es así que la cancha se llamó "Eva Duarte de Perón" hasta que la revolución fusiladora prohibió mencionar los nombres de Evita y Perón. Pasó a llamarse estadio "Brigadier López".

Evita en la inauguración del estadio en 1948

Hay una imposibilidad, Evita y es olvidarte

El juego

En mi vida vi equipos brillantes y tambien muy pobres, pero de éstos no me pregunten, elijo no acordarme. Recuerdo las gambetas de Villarruel y DiMeola, mis máximos ídolos. Y esa defensa ... "LA" defensa de Araoz, Fernández, Villaverde y Trossero con su seriedad y profesionalismo. Todavía me parece verlo proyectarse al negro Fernández por la izquierda, incansable, pegado a la línea que da al foso oeste. Araoz, fuerte marcador de punta. Trossero, gringo aguerrido con un 6 luminoso en el destino, presunto astillador de delanteros contrarios. A Villaverde, el tiempista, con su fineza y su precisión quirúrgica. Las atajadas sobrehumanas del gato Andrada (no me pregunten sobre lo que hizo después, sólo hablo de fútbol aquí), con flexibilidad felina y reflejos de personaje de Stan Lee.


Recién en 1976 se hizo lo siguiente en el estadio: La tribuna de la cabecera norte, la que pasó a ser de socios.Allí estuve cuando ocurrió otro hito que preserva mi memoria es el partido con River en el nacional 1978. Arrancamos perdiendo con un contragolpe finalizado por Morete de palomita. Recién empezaba el primer tiempo. Y después el Beto Alonso colgó la pelota de un ángulo, como ingrávida. Todo eso en el arco norte, a metros de mis retinas. Pero levantamos y se fueron al vestuario 2 a 2. En el segundo tiempo, para mi regocijo metros por encima y detrás de ese arco norte, Di Meola y Luñiz terminaron configurando el 5 a 2, el baile, la locura. Tambien vi el 5 a 1 del Clausura 1997, con los brillantes Castillo y Saralegui.



Previo a esto sufrimos la pérdida de planteles completos por falta de pago, entre ellos Villarruel, que se fue a Chile en 1980. Pero "Villita" era maravilla sabalera, nacido, criado y aclimatado y sólo brilló con una rojinegra en el torso. Una flor que sólo florece en la humedad y calor santafesino y es regada por el agua del Salado. 


Luego de tantos desaciertos, en 1981 nos fuimos a la B, en quiebra y embargados. Pasaron 14 años casi en el ascenso, pero a Colón siempre le dijeron Ave Fénix: Tiene la capacidad de resurgir de sus cenizas, desde el peor oprobio y con más fuerza y amor que nunca. Así fue cuando descendió a la "C" en 1959, pero volvió a la B y, enseguida, a la A. En aquellos años de la B luego de 1981 cada vez éramos más, a pesar de estar mal. En 1993, creo, se hizo de cemento la cabecera sur. Años antes, ante Lanús en la semifinal del octogonal '89 se hundieron los tablones de esa tribuna, cerca del codo este, a menos de tres metros de donde estábamos con el Jona y otros estudiantes y compañeros de pensión. Nadie se lastimó y seguimos tomando vino del tetra que nos convidaba el Cona, un negro de la barra que cantaba cumbia, natural y sin esfuerzo, tal como otros mastican chicle. 

Estadio de Colón allá por 1981-82. Humilde sólo el lateral oeste, a la derecha de la imagen y la tribuna norte, de socios, eran de cemento. Así fue desde 1976 hasta 1997. Nótese el Fonavi San Jerónimo, al sur (parte superior de la foto) con su "estética" de conventillo construido en 1980, en la dictadura militar.

En 1993 peleamos hasta la última fecha el campeonato de la B nacional con Banfield. La última nos tocaba de visitantes con Chaco For Ever y allí fuimos con un hermano que me dió la vida: Pablo Basso. Caminamos como 12 cuadras hasta el estadio, rodeados del cariño de los chaqueños, con ese entendimiento que sólo se da entre los humildes, los morochos, los originarios y los criollos. Un pibe me pidió cambiar el gorrito tipo piluso pero no se lo pude dar: Lo había comprado minutos antes, para la ocasión y todavía lo tengo de recuerdo. Lo que siguió es historia: Ganamos 3 a 0, pero Banfield jugaba justo con Unión y los hinchas de Unión habían amenazado de muerte a sus jugadores si ganaban o empataban y Colón salía campeón. Es el único caso que conozco de una hinchada que obliga a sus jugadores a ir para atrás. Pero bueno, así les fue de ahí en más. Ante el empate se jugó en Córdoba un partido definitorio y allí fuimos con Pablo, Gaggiamo y varios más, viajando en un colectivo y abusando de una botella de ginebra. Llegamos al estadio a las 12 en punto, tres horas antes del partido, con sólo otros 3 o 4 colectivos que nos precedieron. Entramos cuando todavía no había nadie y vimos cómo la gesta del glorioso pueblo sabalero llenaba el estadio con 20.000 ilusiones roncas.

Sobre el césped Colón dominó rotundamente los últimos 70 minutos de partido, Banfield ni pasó de la mitad de la cancha. Incluso hubo un penal para Colón porque el arquero rival, Puentedura, lo volteó a Mamani, el wing derecho que lo había gambeteado y se iba al gol. Tenía que patear Ferrer pero cometió el error de festejar demasiado antes del remate y cuando lo hizo estaba cansado: Lo erró o se lo atajaron. Luego vinieron los penales y quedamos arriba por dos errores de ellos, parecía que el ascenso no se nos podía escapar. Pero el destino no suele ser amable con los pobres, fallaron los dos penales siguientes nuestros jugadores y en la tanta de disparos de desempate, uno de cada equipo, falló Mamani. Igual, sólo tengo orgullo por aquello. La cabeza se me partía después del final, la ginebra, el sol, el viaje y la derrota. Salí entre los primeros del estadio y me senté en un cordón a ver pasar los colectivos. Conté como 400, increíble. Claro, fuimos más de 20.000 colonistas esos 400 kilómetros entre Córdoba y Santa Fe, la mayor migración futbolística registrada en la historia

Vino el ascenso en 1995 de la mano de un equipo brillante que ganó cómodo el octogonal: Ibarra, Gambier, Ameli, Kobistij, Risso, Cuberas, Javier López, Kuzemka, Uliambre, Leo Díaz ... ¡El loco González!

Con esa base más Cristian Castillo, Saralegui, el "Carucha" Muller (un equipazo) y otros más fuimos subcampeones en el Clausura 1997 y clasificamos a las copas Conmebol 1997 y Libertadores 1998. A la Libertadores clasificamos gracias a que River también había salido campeón del Aperturo y la segunda plaza se tenía que definir entre los subcampeones de ambos torneos: Independiente y Colón. El desempate se jugó en Avellaneda y lo ganó Colón con gol de Saralegui: Al "Rey de copas", Colón lo dejó afuera de una Libertadores.

Finalmente, en la Conmebol '97 perdimos en semifinales con Lanús (luego saldría campeón) y en la Libertadores '98, en Cuartos de Final con River, en una instancia eliminatoria que dicen las malas lenguas fue arreglada entre los dirigentes de ambos clubes, Grondona y ... ¡Ernestina Herrera de Noble!, dueña del medio gráfico más importante de entonces. Se dice que convencieron, sobornaron o presionaron al presidente de Colón para que el equipo pierda porque Ernestina quería vender más diarios al ser el capitalino River uno de los equipos más populares de Argentina, vaya a saber. De lo único que puedo dar fe es que el plantel no jugó esos partidos con todas las pilas que lo venía haciendo y perdió los dos partidos con el equipo al que había ganado 5 a 1 pocos meses atrás.

El equipo del 2000 y el 4-0

Otro gran equipo sabalero fue el del año 2000 con Piazza de técnico, tambien subcampeón pero esta vez de Racing. Jugaban el Bichi Fuertes en su segundo paso por el club luego la breve estadía en el Lens de Francia. En los primeros partidos en Colón, allá por el apertura 1997, el bichi no convencía mucho: hizo 3 goles en ese campeonato y otros tantos en la Libertadores. La misma cantidad hizo en el clausura 98 y recién en el apertura de ese año empezó a despegar: 10 goles. 8 goles más hizo en el clausura 99. Se fue a Lens y entonces sí, cuando volvió hizo 17 goles en 19 partidos y fue el goleador del torneo. Empezaba a asomar el ídolo...

La inundación y la copa sudamericana. 

La ciudad de Santa Fe se vio inundada en el fenómeno de "El niño" 2002-2003 y sus lluvias históricas en toda la cuenca del salado. La creciente de ese sinuoso río de llanura que serpea hacia el sur desde Salta fue la mayor de la historia y el agua ni siquiera se sabe bien hasta qué algura llegó. Yo creo que pasó los 9.10 metros y con una velocidad increíble: los últimos 1.5 metros de altura los produjo en poco menos de 30 horas. Hubo gente de los barrios del oeste que se acostó a la siesta y a los 40 minutos ya tenía el agua a la altura de la cama. Se inundaron barrios impensados, el centenario, el centro. A 3 cuadras de la Casa de Gobierno, en pleno centro, el agua llegó a alcanzar medio metro. La cancha de Colón, con las bandejas del este inauguradas hacía pocos años está ubicada en el barrio Centenario, populoso y cálido vecindario del suroeste de la ciudad. Allí las aguas inundaron vertiginosa y violentamente desde el lado del estadio, apenas superada la ruta que va hacia el puente carretero. Dicen los expertos que la monumental estructura le restó víctimas y daños a la gente del Centenario, mayoritariamente sabalera.

Colón 2003 Esas dos pequeñas línea blancas de las cabeceras, casi desvanecidas, son los travesaños de los arcos...

La hidalguía del estadio, protegiendo al barrio de pertenencia, es un fiel reflejo del carácter del club y su gente. No obstante la violencia del terrible incidente, el estadio salió indemne. Pocas semanas después de bajar las aguas fui a la cancha y el único signo apreciable de la crisis eran las pintadas pidiendo dramáticamente ¡comida! de la gente que había salvado su vida refugiándose en los accesos a las bandejas, y mucha arena en el campo de juego.

A pesar de la inundación, clasificamos en ese Clausura 2003 a la Copa Sudamericana. El agua nos inundó a nosotros, pero se los llevó a los otros, a los del pecho gélido: el clásico rival, Unión, fue el que descendió. 

2008-2010: el turco Mohamed, la copa Libertadores.

En la temporada 2007-08 el promedio era bajísimo, casi dejaba al equipo en la zona de promoción (eufemismo para una serie reclasificatoria para no descender, contra un equipo de la categoría inferior). El equipo que estaba inmediatamente por debajo era Racing Club, ya en zona de promoción y el último partido de la temporada nos tocaba en el "Cementerio", precisamente contra ellos. De perder, nos tocaría revalidar la categoría, un riesgo. Al equipo lo entrenaba desde hacía poco el Turco Mohamed y parecía poder enderezar el rumbo. Finalmente, Colón ganó cómodo el partido y Racing tuvo que revalidar, lo que hizo sin problemas. De allí en más, Colón empezó a jugar cada vez mejor y peleó hasta la última fecha los campeonatos del año 2009. Gracias a esas campañas clasificó para la Libertadores 2010 en donde son tocó un play off con la Universidad Católica de Chile. Colón ganó claramente el partido de ida en Santa Fe, 3 a 2. Yo fui con Martín, mi hijo mayor y nos lamentamos de un error que sobre el final nos dejó con una ventaja por demás de exigua. Para la revancha viajé a Chile porque nunca había visto a Colón en el exterior. Salí en colectivo desde Santa Fe el lunes a la tarde, calculando llegar a Santiago de Chile tres horas y medio antes del partido, luego de trasbordar en Mendoza. El cruce de la aduana fue un caos y nos demoró una hora, pero lo peor fueron los primeros kilómetros de territorio Chileno por causa de un camión volcado en una de las primeras curvas del vertiginoso "tobogán", serpiente caminera que cae 1.000 metros. Dos horas más perdidas. Luego, casi llegando a Santiago, el espejo lateral del colectivo se desprendió y nos hizo perder otros 45 minutos. Finalmente en Santiago, los otros dos sabaleros de los que me había hecho amigo no quisieron ir en subterráneo y perdimos tiempo en un taxi con un chofer que no sabía adonde estaba el estadio. Llegamos con el partido que llevaba ya 15 minutos de empezado, a pesar de que la confederación lo había postergado media hora atendiendo a los problemas de llegada de la hinchada sabalera. Bueno, finalmente el partido empezó con Católica ganando, pero Colón se repuso y lo dió vuelta: 2 a 1. En el segundo tiempo nuestro defensor paraguayo Candia se hizo echar y el seguro arquero Pozo se hizo un gol él solito. 3 a 2 igual que en la ida. Luego vino la definición por penales en donde un penal atajado a Moreno y Fabianesi por un arquero chileno ilegítimamente adelantado nos dejó afuera. A partir de allí el rendimiento se vino abajo luego de dos años de jugar bien. Lo que le critico a Mohamed es que el equipo cambiaba cuando hacía un gol, se hacía más conservador y muchas veces eso hace que el rival empiece a agrandarse y a complicar. El ejemplo es el partido con Vélez en el que ganabamos 2-0 al final del primer tiempo y por meter un zaguero más el equipo empezó a jugar mal y terminamos perdiendo 4 a 2.

2011, la nueva reconstrucción. Los 4 partidos de la Copa América y el mito de los silbidos

En 2010 comenzó una nueva ampliación del estadio: La bandeja norte y los palcos oeste-sur y oeste-norte, dado que el estadio fue elegido como subsede de la Copa América 2011. También se renovaron las luminarias del estadio con mayor potencia y calidad apta para alta definición. Con mis hijos Martín y Matías (que por desgracia para él no es de Colón, qué ganas de sufrir al pedo) compramos las entradas para los 4 partidos. Vimos con ellos el partido de Ecuador y Paraguay, luego Argentina en el papelón que hizo ante Colombia, con mucha silbatina. Los envidiosos y resentidos de siempre dijeron que fuimos los del Sabalero los que silbamos a un equipo que, por otra parte, hizo llo suyo para merecerlo. Sin embargo el grueso de la reprobación partió de la tribuna norte para la cual se vendieron ubicaciones en todo el país. Allí estaban los de las Hinchadas Unidas Argentinas que fueron los más encarnizados. Más aún, el canto de "Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie", que se cantó esa noche partió de allí y no fue la hinchada sabalera, la que tiene una variante de letra no descalificadora para el contrario, ya que termina: "... no sean tan cobardes". Luego ví Colombia - Bolivia, pero sin mis hijos. 

Para semifinales tuvimos la enorme suerte de que le toque a Colón albergar el choque Argentina Uruguay. Allí no hubo silbidos sino orgullo porque a pesar de perder, la selección de Messi +10 jugó con orgullo y poca suerte. Se empató en los 90' y se perdió en la ruleta rusa de los penales. Bueno, vimos dos partidos oficiales de la selección en Santa Fe y nada menos que con el Lío. No muchos pueden decirlo. Casualmente, los dos partidos de Argentina los ví en aquel codo suroeste de los años setenta.

 Messi yendo a patear un corner en el Brigadier López, Copa América 2011, partido con Colombia
Partido Argentina Colombia en el Brigadier López, Copa América 2011

Formación de Argentina para enfrentar a Colombia en el Brigadier López, Copa América 2011

El retiro del bichi

En el estadio de Banfield el 24 de junio de 2012 jugó su último partido en Colón el Bichi Fuertes. Marcó dos goles llegando a los 144 con la casaca rojinegra (302 partidos, casi 14 ... años) y 228 goles en total en partidos oficiales en su carrera. Es el máximo goleador de Colón y de un equipo de la provincia de Santa Fe, difícil que alguien lo iguale en estos tiempos en donde los goleadores difícilmente se quedan más de un par de años en un mismo club argentino, sobre todo no siendo de los grandes.



2012: Nuevamente en la Sudamericana

Esta temporada arrancó de manera inmejorable, en resultados y en juego. Bien en el torneo y bien en la Copa Sudamericana para la que clasificamos por los 50 puntos de la temporada 2011. Con la mano de Sensini y un equipo joven estructurado sobre la buena base del año anterior que hace ilusionar con logros inéditos, con muchos talentos germinados desde las inferiores y sin "vacas sagradas". Con un enganche como Mugni, de 20 años, que ya me impresionó muy bien cuando lo ví debutar en un aislado partido del 2010 (mayo, frente a Atlético Tucumán)  y que después no jugó más hasta marzo del 2012. Pero cuando volvió marcó la mejora en la tenencia del balón, el volumen y el buen juego de un equipo que empezó a jugar mejor que nunca. Están también otros pibes como Curuchet, Graziani y Luque pidiendo pista, apuntalados por valores anteriores como Prediger o sabaleros de alma y garra como Bastía. Alcoba, Raldes, Pellegrino, Urribarri y Caire dan una defensa muy confiable. Los recién llegados, como Gigliotti, Bernardello y Achucarro, permiten acompañar más que dignamente, lo mismo que el repatriado Tito Ramírez. Hay buenas perspectivas e ilusión.



Y si no se nos da esta vez el campeonato vamos a seguir alentando como siempre, como los 14 años que estuvimos en la b y en donde a pesar de la malaria y el quebranto cada vez éramos mas. Todos los años jugamos para salir campeones, no para no descender. Vamos a seguir yendo a la cancha a cantar como locos como siempre, jugando para clasificar a las copas internacionales. Porque nosotros nunca suspendimos partidos por falta de publico, ni apretamos a nuestros jugadores para que vayan para atrás.



Coda/Pregón final

Viendo lo que suelo postear en Facebook me di cuenta de que lo que en realidad me enamora de la ceremonia es esa fiesta en las tribunas: Los vagos cantando y saltando todo el partido, las bengalas, los trapos flameando, la afonía post partido, los abrazos con desconocidos en los goles con los ojos acuosos de alegría. Es una misa negra, MI misa negra.

 "Los de siempre", la hichada sabalera en el partido contra Racing de la Copa Sudamericana 2012. Yo estaba ahí arriba de todo.


Esteban Cámara
Santa Fe, 30 de agosto de 2012 

1 comentario:

  1. Esto me escribió ayer un amigo: "El día del partido con Chaco F.E. yo andaba boludeando por el barrio, me arrimé a la cancha de U. y habían levantado el gallo de C. Pujato. Entré calladito, sobraba lugar en la tribuna norte y ahí ví el gol de Ruffini a Banfield y las puteadas de su hinchada. Pero no fue todo, lo peor lo ví un rato más tarde: en mi continuo boludeo volvía del súper a mi ca
    sa por Urquiza y por Bulevar venía caminando Ruffini con un pibe de la mano (chiquito, alrededor de 5 años); perfil bajo, ropita sencilla, con un bolsito chico, caminaba como con vergüenza. Más que un futbolista profesional parecía un peón de albañil molido por el laburo que de pasaba buscó al pibe por el jardín.
    Habían quedado hinchas en los bares de esa esquina. Los resultados ya estaban cantados, Unión había perdido como quería la hinchada, podrían haberlo dejado pasar tranquilo, iba de la mano con el hijo. Pero pasaron la voz y lo reputiaron con toda la saña que podría esperarse hacia el peor enemigo, desprotegido porque si iba solo capaz que podía defenderse, pero con el pibe al lado sabían que no le quedaba otra que agachar la cabeza. Pobre tipo, casi ídolo por algunos goles unos partidos antes y tener que pasar por eso, siguió caminando más avergonzado todavía. ¡Qué cobardes!" Ruffini, que había sido amenazado con armas por "la hinchada mas fiel" (¿?) unos días antes para que entreguen el partido con Banfield y no ascienda Colón, se fue de Santa Fe para no volver más. 1993

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