miércoles, 25 de julio de 2012

Los límites de la libertad

Luego de la reciente masacre del cine de Denver, los ciudadanos del estado de Colorado (USA) se han volcado a una histeria armamentista, cuadruplicando o más anteriores registros de pedidos de autorizaciones para armamento individual. Esto me ha parecido una verdadera locura y sospecho que no soy el único argentino que lo siente.

En Argentina estamos embarcados en políticas de desarme y en ellas, el estado compra armas a la sociedad civil para, inmediatamente y ante la vista del interesado, destruirlas. No es necesario justificar el origen de las mismas, cualquiera puede presentarse y obtener recursos. Con esto se busca disminuir la cantidad de armamento que está en poder de las personas, habida cuenta de que en las estadísticas, 4 de cada 5 armas termina perjudicando a su dueño o a sus hijos o a futuras víctimas de delitos cometidos luego de robar esas mismas armas.

El furor bélico de los habitantes de Colorado sólo puede entenderse desde el individualismo más profundo: "Me protejo yo" (o eso creen), sin importar que, en definitiva, el aumento de la cantidad de armas perjudica al colectivo. Las armas domésticas frecuentemente causan accidentes en los niños de la casa, muchas veces fatales o bien son robadas por delincuentes que luego las vuelven contra los mismos poseedores o sus vecinos. Ese acendrado individualismo eclipsa cualquier otra consideración y no puede obviarse el correlato con las concepciones sociales y económicas, cada vez más profundas, que se les implanta todos los días a los ciudadanos desde los medios de comunicación de la hegemonía burguesa. El ciudadano norteamericano está cada vez más insensible a lo colectivo, sólo les importa respecto de sí mismos y de sus familiares más inmediatos. Ni siquiera la violenta crisis económica actual parecen hacer mella en el individualismo y mientras los movimientos del "99%" concentran a más y más individuos, esta proporción es insignificante respecto del total de la población.

Este concepto remite a uno más genérico: La oposición entre la libertad y la igualdad. En las banderas de la revolución francesa, ambos valores estaban acompañados de un tercero: Fraternidad. Este último parece haber perdido su incidencia y poco se lo menciona en los discursos políticos fuera de ciertas concepciones gremiales. Volviendo al punto y según la definición de libertad que brinda el capitalismo, es imposible de conciliarla con la igualdad. Inevitablemente, la disparidad de bienes previos de ciertos individuos y su diferente escalas de valores, llevan a una asimetría: La igualdad se va haciendo cada vez más difícil. La potencia económica de algunos en un contexto de desrregulación económica por parte del estado, como pretende invariablemente el establishment, termina apartando a los demás del acceso a bienes imprescindibles para el desarrollo e incluso la vida. La polución aparece invariablemente porque al capitalista sólo le importa la ganancia y logra que su entorno familiar se vea alejado de este peligro. Asimismo, más temprano que tarde se verifican asimetrías en el acceso a la salud y a la educación según el estandar económico de unos y otros. La gula del capitalismo no tiene límites y considera una injuria insoportable que se lo prive de desperdiciar comida o espacios. Creen necesitar la libertad de desperdiciar bienes básicos de los que otras personas están privadas.y si nadie se los impide, lo hacen. Sólo el estado puede ponerle freno a esto.

Vemos en el párrafo anterior que es real la contradicción entre libertad e igualdad, al menos en términos absolutos. La dinámica social termina diferenciando invariablemente a los individuos. Es imprescindible que se definan perfectamente los conceptos: De qué hablamos cuando hablamos de libertad y de qué cuando hablamos de igualdad.

Para no entrar en un debate demasiado fino creo que es necesario establecer un set de principios básicos: La libertad de creencias, opinión e información, los derechos humanos y los derechos económicos básicos (trabajo, vivienda digna, atención de salud, seguridad y educación)  siempre tienen que estar preservados. Respecto de la libertad de comercio, es menester hacer una discriminación: Para parte de la sociedad, dentro del umbral de subsistencia, esta libertad es una precondición de los derechos humanos básicos y restringirla en esos casos implica un régimen represivo. En lo que se refiere a los individuos y empresas económicamente poderosas, en cambio, a la libertad de comerciar debería fijársele el límite en la no colisión con los derechos básicos de otras personas. La libertad de obtener artículos de lujo y la de darle cualquier fin a las mercancías que forman parte de los denominados previamente como derechos económicos básicos debería estar seriamente restringida y supeditada a no interfererir con los derechos ajenos.





Esteban Cámara
Santa Fe, 25 de julio de 2012

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